BOSQUE CACHIL

La despensa de

los casquinos

Guido Sánchez Santur
sasagui35@gmail.com

Los últimos meses las voces del finado “Juan Chico” se escuchan con mayor frecuencia y su eco retumba entre la espesura de la vegetación. Así cuentan, un tanto recelosos, los campesinos mientras descansan a la sombra de los frondosos árboles, chacchando su coca, después de una jornada de limpieza en la que llenaron varias bolsas de desechos plásticos que dejan los visitantes irresponsables.
¿Será porque los espíritus también saben de la amenaza que se cierne sobre ese invalorable bosque de Cachil, situado entre las provincias de Gran Chimú (La Libertad) y Contumazá (Cajamarca)? Lo cierto es que a la otrora tala indiscriminada de los árboles, ahora se suma la inminente explotación minera en el mismo corazón de esta área natural.
Pero no solo se trata del peligro que amenaza la vegetación. Lo más preocupante es que se trata de un colchón de agua, de cuyas entrañas nace el río también bautizado como Cachil que da origen al río Cascas y riega el productivo valle bajo de la provincia Gran Chimú, donde se cultivan las prodigiosas uvas y se elabora el más prestigiado vino del norte.
El director de Operaciones de la ONG Puentes Foundation For Grassroots, Luís Enrique Plasencia Calvanapón, explica que el río Cachil proporciona gran cantidad de agua que beneficia a por lo menos 20 mil personas a lo largo de su recorrido hasta desembocar en el Chicama, a la altura del puente Ochape.
Los caseríos favorecidos son Chapolán, El Chorrillo, La Ramada, Socchedón, San Martín, El Molino, Singarrán, Casmán, La Lima, Corlás y El Platanar; asimimo, el distrito de Cascas y otros pueblos de la capital provincial hasta Ochape. En consecuencia, se estima en 40 mil los beneficiarios, entre ellos los productores vitivinícolas.
“Es el bosque relictual más importante, situado a unos 15 kilómetros al Sur Este de la ciudad de Contumazá, sobre el margen izquierdo de la quebrada Cachil, protegido por un casquete o estribación andina, ocupando aproximadamente 100 hectáreas, sobre una ladera más o menos inclinada con algunas áreas planas o llanas y que se extiende desde los 2400 al 2700 metros sobre el nivel del mar, con una vegetación boscosa, densa y predominancia del olivo”, describe el científico contumacino, Abundio Sagástegui Alva.
Esta área natural es de propiedad del poeta Marco Antonio Corchera, quien nunca desmayó en sus esfuerzos para cuidar y evitar su destrucción, inclusive en varias ocasiones propuso que el Estado la declare área protegida. Este relicto está rodeado por otros pequeños bosques (Palo Blanco y La Peladera), que, del mismo modo, van camino a la desaparición.
Éste se ha convertido en un laboratorio natural para los científicos nacionales y extranjeros, pero de manera especial de los escolares, docentes y estudiantes de las universidades liberteñas.
Sagástegui Alva, conjuntamente con el norteamericano, Michael O. Dillon, del Field Museum of Natural History de Chicago (EE.UU.) desarrolló varias investigaciones, poniendo en evidencia la variedad de la flora y fauna existentes en este ecosistema. Esto permitió detectar varias especies endémicas.
CONTINUAS VISITAS
Por su importancia biológica, no solo lo visitan los turistas nacionales y extranjeros, sino también numerosas delegaciones de escolares y universitarios, que arriban con motivos de paseo y para acampar.
Esto es encomiable si tales grupos fueran estrictamente interesados en conocer lo valioso de la naturaleza, lamentablemente la gran mayoría lo toman como la oportunidad de una simple caminata o de perennizar sus nombres que inscritos en los gruesos troncos de los árboles. En el colmo de su inconciencia dejan regados cientos de botellas, vasos y platos descartables, o bolsas plásticas.
La comunidad del contorno es consciente del valor que tiene para ellos el bosque no solo por el oxigeno puro y el agua fresca que les provee, sino porque también les abre las posibilidades de la práctica del ecoturismo, que se debe organizar bajo los lineamiento de un plan de manejo, capacitación previa y una adecuada planificación estratégica.
Por estas razones, los agricultores están alarmados tras enterarse, en julio de este año, que la empresa Jesús 2008 iniciaba sus labores mineras dentro del bosque, cuyas primeras excavaciones las hizo a menos de 20 metros del río.
La reacción de los propietarios fue inmediata, a través de Julio Corcuera García, hijo del poeta, quienes conjuntamente con la comunidad desalojaron a los mineros y emprendieron las acciones legales, teniendo en cuenta que los invasores no contaban con ninguna autorización.
LEYENDA VIVIENTE
En este contexto es que se agudizan los gritos del mítico “Juan Chico”, quien hace muchos años, junto con su hermano Martín Hoyos, bajo la tutela de su madre –una mujer con carácter de generala- eran dueños de estas tierras. Ellos hicieron un trueque de sus propiedades con las de la familia Zumarán para criar ganado, pero debido a lo accidentado del suelo los animales se rodaban y morían.
Esto hizo desistir del trato a la familia Zumarán, exigiendo la devolución. En vista que se resistían los amenazó de muerte, sin lograr sus propósitos. Entonces no le quedó más remedio que cumplir la promesa. Desde una curva, en la espesura del bosque, una bala de carabina salió disparada e impactó en el cráneo de Juan Chico que quedó agonizante; luego, hicieron lo propio con su hermano Martín, sus esposas e hijos.
Aseguran que Juan Chico, herido de muerte regresaba a su casa, montado en su mula, dejando un hilo de sangre en el camino. Desde entonces los lugareños dicen escuchar gritos en las noches más oscuras, sobretodo quienes cuidan los turnos de agua, en los alejados cerros.
INVASION DE ESPECIES
Una de las prácticas más recurrentes en los últimos años en las zonas próximas al bosque Cachil es la "reforestación" con especies ajenas a ese hábitat (eucalipto y pino), alentadas por las políticas de Gobierno, sin tener en cuenta que destruyen el medio debido a la gran cantidad de agua que consumen y a su resina que deteriora el suelo y lo empobrece.
Se calcula que sólo en los dos últimos años se han plantado más de 100 mil eucaliptos y pinos en ese lugar. Las consecuencias a corto plazo serán más que desalentadoras: desaparición de los pequeños puquiales y pantanos, daño permanente a la agricultura y ganadería, y erosión del suelo.
A pesar de ello, se sigue vendiendo al campesino la ilusión de ganar más dinero a cambio de la venta de esa madera, cuando lo ideal sería aprovechar mejor el bosque, con otras actividades.
En el colmo de la ignorancia se talan bosques naturales completos para reemplazarlos por plantaciones de eucaliptos, con la anuencia del Programa Nacional de Manejo de Cuencas Hidrográficas y Suelos (Pronamachs), dependencia del Estado.
Por fortuna, desde setiembre del año pasado, en estas tierras, despliega su labor social, Ann Drazkowski, directora ejecutiva de Puentes Foundation For Grassroots Sustanaible Development, quien trabaja en la concienciación de los pobladores sobre la introducción de productos agrícolas sustentables; pero ahora sus esfuerzos también están encaminados a contribuir a la protección de este bosque de Cachil, en estrecha coordinación con los propietario.

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