Los imponentes castillos de Virú


Guido Sánchez Santur
sasagui35@gmail.com

El territorio de La Libertad está regado de vestigios históricos. En cada provincia encontramos evidencias de las diversas culturas que florecieron en épocas distintas. En Virú, a escasos 45 minutos de Trujillo, se encuentran restos arqueológicos que revelan la evolución cultural de las antiguas civilizaciones del norte peruano.
La evidencia más enigmática está en Queneto con sus plazuelas diseñadas con pesadas piedras talladas. Y en la parte central de la plaza principal se yergue imponente una roca alargada que los estudios la denominan “menhier”.
De una época posterior son los monumentos de adobe construidos sobre elevaciones geográficas (cerros). Algunos investigadores señalan que estas edificaciones estuvieron estratégicamente ubicadas y desde donde los vigías se comunicaban entre sí, avisando de alguna amenaza enemiga u otra noticia de los sucesos de estos reinos.
Son ocho los sitios arqueológicos con esta característica: el Cerro Queneto, Saraque, Napo, Virú Viejo, Santa Clara, Huaca Larga y los castillos de Tomabal y Huancaco. El arqueólogo Santiago Uceda sostiene que los cerros tuvieron una fuerte connotación en la mitología costeña de los moches.
Desde cualquiera de estas construcciones antiguas se observa a las otras, extendidas a lo largo del valle Virú, donde ahora los agricultores cultivan arroz, maíz, frutales y caña de azúcar.
Un poblador de la zona refiere que en la década del 70, después del terremoto que azotó la región, la agricultura quedó diezmada y la pobreza empezó a azotar a las familias. Pero el movimiento sísmico también había agrietado y derrumbado las estructuras de las principales construcciones pre incas, dejando a la vista valiosas piezas de cerámica que los lugareños recogían y las ofrecían al mejor postor.
Casi toda la población se dedicó a extraer esta riqueza arqueológica porque su venta se convirtió en atractivo negocio. Dizque conocidos personajes trujillanos llegaban con maletines llenos de dinero para comprar los objetos (de oro, plata y cerámica) que luego los vendían a coleccionistas nacionales y extranjeros.
• CASTILLO DE TOMABAL
Tomabal es una construcción de la época Gallinazo. Tiene cinco plataformas superpuestas en forma piramidal, cuya base está cimentada en piedra y adobe y data de 400 años a.C. hasta 200 años d.C. cuando empieza la cultura Moche. Posee cerámica, cementerios, pintura mural, nichos empotrados y el algarrobo es usado en los dinteles de las edificaciones.
El investigador Cristobal Campana, en su libro La Cultura Mochica (1994) lo describe como una construcción de adobe entretejida con varas de algarrobo, sobre una colina rocosa y un pórtico de grandes dimensiones.
La presencia de rampas y caminos laterales, adobe, pintura, estructuras centrales, ingresos y el acabado de sus construcciones indican la importancia del castillo.
El adobe utilizado es de tipo Gallinazo elaborado en gaveras de piedra (se deduce por las líneas que tienen) en contraste con la gavera de carrizo utilizadas anteriormente.
Los primeros hallazgos identificados en la década del 40 están en el Museo Larco Herrera en Lima. La característica de estos hallazgos tiene similitudes con la cultura Cupisnique.
Las paredes estuvieron adornadas con figuras geométricas en alto relieve. Muestras de éstas se encuentra guardadas en lo que será el Museo de Sitio de Tomabal. Ahí mismo se alberga la hermosa y delicada cerámica ornamental y religiosa salvada de la amenaza de  los "huaqueros", entre los que destacan los cántaros intactos que fueron excavados, en los que guardaban chicha. Este es el mejor testimonio de la grandeza de esta cultura. Además hay osamentas de las tumbas aledañas a la arquitectura del Castillo.
El Castillo de Tomabal fue reconocido como monumento arqueológico mediante la ley Nº 24047.
El rescate de este legado arquitectónico se inició con las investigaciones por parte de un equipo de arqueólogos financiados con recursos del Proyecto Especial Chavimochic en convenio con el Instituto Nacional de Cultura (INC), durante la construcción del Canal Madre.
Estos estudios permitieron recabar valiosa información sobre la arquitectura, cerámica y costumbres de sus edificadores. Entre los restos de una tumba Moche, en 1993, se encontró una maqueta de muy fino tallado en madera de algarrobo que representa a unos de esos templos.
Es impresionante apreciar los restos de las murallas que protegieron el castillo de los ataques enemigos. Son muy elevadas y algunas llegan hasta el nivel del mismo cerro.
Campana dice que a este castillo lo constituyen “un grupo de pirámides” conocido como Huancaco, una de cuyas construcciones tiene más de 18 metros de alto.
A partir de 1998 se desarrolló un proyecto de excavaciones a cargo del estudioso canadiense Steve Bourget y el arqueólogo trujillano Heysen Navarro, cuyos resultados fueron valiosos para conocer la importancia de esta cultura.
Tales los trabajos consistieron en el levantamiento de planos con un teodolito electrónico y la constatación de la arquitectura que permitió identificar la existencia de 46 ambientes intercomunicados a través de pasadizos, escalinatas y corredores en zig zag. Muy novedosas para la época. Esto difiere en algo con las características de las construcciones de origen Moche.
Todo indica que se trata de un edificio de élite y mucho lujo, lo cual se deduce también por el tipo de cerámica ceremonial existente (platos) en los que se habría colocado ofrendas durante las celebraciones rituales.
Otro atractivo son los indicios de murales encontrados en algunas paredes. Los colores comunes son el blanco y hasta cuatro tonalidades del rojo, amarillo, azul verdoso, negro azabache y negro brilloso.
Esas investigaciones reforzaron la necesidad de preservar y poner en valor este monumento que se constituye en uno de los importantes atractivos turísticos del valle Virú. Un verdadero reto para las autoridades y la comunidad.

Un día con la santísima Cruz de Motupe

Por: Guido Sánchez Santur
sasagui35@gmail.com

Desde niño escuché hablar de la milagrosa Cruz de Motupe, sagrado madero que se venera en el distrito de Motupe (Chiclayo, Lambayeque) desde 1866, tras ser tallada por el fray Juan Agustín de Abad. Mis padres y vecinos hablaban con mucho respeto y devoción cuando se referían a esta imagen, similar a cuando mencionaban al Señor Cautivo de Ayabaca, atribuyéndoles poderes superiores, los que sustentaban con numerosas historias de milagros.
Eso despertó mi curiosidad y me empeñé en conocer ese ya mítico lugar, pero no lo hice hasta esta semana que me conté entre los miles de feligreses que iban y venían ansiosos por tocar el milagroso madero, aprovechando la celebración de su fiesta central, que se inicia el 2 de agosto y se prolonga hasta el día 14 del mismo mes.
Hemos arribado la mañana del día 3 de agosto y la sagrada cruz ya se encuentra en la capilla del caserío Zapote, donde se aprecia una larga cola de feligreses que avanzan lentamente para cumplir con su promesa de dejarle una velas y elevarle sus rogativas de agradecimiento por los favores concedidos o para pedirle un milagro: la recuperación de bienes perdidos, la consecución de un trabajo, la sanación de una enfermedad incurable y una infinidad de males a los que se les busca una solución sobrenatural.
“Conozco el testimonio de un amigo de Tacna que tenía un hijo enfermo al que los médicos no le encontraban la cura, hasta que llegó aquí y sanó por un milagro. Al año siguiente vi al menor que vino caminando. Estos son hechos que demuestran la fe de la gente que le pide de corazón a Dios. También hay favores que a la gente humilde le ha concedido, como abundancia en la cosecha”, relata el párroco, un motupano de pura cepa y, por ende, jocoso y dicharachero. Nos detalla que muchos creyentes vienen de diferentes ciudades del país y del extranjero, por eso la gente de aquí se prepara durante el año para recibirlos.
La fila continúa interminable, pese a que a las 11 de la mañana, la sagrada imagen será sacada al patio, donde se habilitó un estrado para la celebración de la misa. Desde aquí, el sacerdote dirige su homilía, en la que reflexiona sobre la necesidad de que cada uno sea coherente entre sus peticiones y sus actos.
Terminada la misa, el sacerdote procede a bendecir con agua bendita la funda de la cruz, donada por un devoto, como todos los años. Ahí mismo consagró las réplicas, imágenes, cuadros y los recuerdos alusivos al sagrado madero que levantaban en alto los devotos.
Después de la misa, la cruz regresa al templo, y una hora después, ya en su reluciente funda de plata que recién estrena, es llevada en hombros con destino al centro poblado Salitral, donde la esperan sus devotos para recibirla al son de la marinera, exhibición de caballos peruanos de paso y fulgurantes fuegos artificiales. La procesión llega cinco horas después.
Un día antes, el 2 de agosto, había sido descendida de su gruta, que se ubica en el cerro Chalpón, a través de un empinado y peligroso tramo, cuyo avance se aligera, gracias a las escaleras construidas para facilitar el acceso.
El aposento de la santísima cruz es un gran santuario, donde la gente no cesa de prender velas y rezar, no sólo en esta temporada de fiesta, sino todo el año. Se estima que durante los 12 meses arriban al menos 500 mil visitantes, quienes dejan, impregnadas en la roca, fotografías de niños y adultos, hombres y mujeres que esperan un milagro, algodones y cartas con peticiones; inclusive, decenas de placas de quienes colaboraron para construir esta morada de concreto.
El regreso es alentador, con el espíritu en calma, luego de la promesa cumplida y el camino en descenso, el trayecto más sosegado. Al pie del cerro Chalpón dos niños recogen el agua ‘milagrosa’ de una vertiente y la venden a los devotos. Mientras que a lo largo del camino los viandantes nos ofrecen variados dulces, frutas, imágenes, recuerdos, música y videos. Me llama especialmente la atención la venta de una pomada de grasa de iguana, en casi todas las esquinas, y para hacer más llamativa la oferta los ‘curanderos al paso’ tienen algunos ejemplares del reptil sacrificados.
• DÍA CENTRAL
De Salitral, el 4 de agosto, la cruz fue llevada en otra procesión hasta Motupe, donde la esperaron con algarabía, pues su ingreso triunfal, alrededor de las 5 de la tarde, ocurrió entre repiques de campanas, detonación de cientos de cohetes, bombardas y aplausos de los miles de pobladores que se congregaron para darle la bienvenida y acompañarla hasta el templo San Julián. Aquí descansó y quedó lista para los festejos centrales que se celebraron el jueves 5, con una misa, procesión hasta la madrugada, serenata y bailes sociales.
A las 7 de la noche del viernes salió otra vez en procesión por las calles de Motupe, luego retornó al templo para su veneración hasta el 14 de agosto, cuando se celebra la misa de despedida en el parque principal, de donde parte a Zapote, pasando por Salitral, de donde ascenderá a su gruta. Aquí queda hasta febrero del año siguiente, fecha de su fiesta de medio año, cuando otra vez baja al templo del pueblo para ser venerada por sus devotos.
EL DATO

Historia de su hallazgo

La devoción a la Santísima Cruz de Motupe se inició el año 1860, cuando Fray Juan Agustín de Abad, de la orden franciscana, habitaba en el Cerro Chalpón, recogido en oración, en pos de alcanzar la santidad. Era frecuente que recorriera las calles de los pueblos aledaños, donde celebraba misas, bautizaba y rezaba el Santo Rosario, hasta que un día partió sin dejar rastro alguno.
Previamente comunicó a la gente que en el cerro Chalpón, Cerro Rajado y Cerro Penachí, dejaba cruces de grandes dimensiones labradas por él en árbol Guayacán, las mismas que deberían ser halladas y consideradas protectoras del lugar. Muchos buscaron, pero no las hallaron hasta que el 13 de octubre de 1866 llegó la noticia del fallecimiento del sacerdote, víctima de la Uta.
Luego prosiguió la búsqueda y el 5 de agosto de ese mismo año, el joven cuyo José Mercedes Anteparra Peralta, encontró la Santísima Cruz en la cumbre del cerro Chalpón, incrustada en una gruta o cueva, tras lo cual el obispo de Trujillo lo nombró primer mayordomo, responsabilidad que asumió hasta su muerte el 10 de abril de 1921.

Restauran casona para un Centro Cultural


Guido Sánchez Santur
Después de seis meses, terminó la restauración de la casona donde funcionará el Centro Cultural Víctor Raúl Haya de la Torre, ubicada en la quinta cuadra del jirón Orbegoso, en Trujillo. La obra demandó una inversión aproximada de un millón y medio de soles.
El restaurador Ricardo Morales Gamarra, responsable de este proyecto, expresó su satisfacción porque estos trabajos permitieron reafirmar los valores de las casas Republicanas que fueron menores; es decir,que no llegaron tener grandes dimensiones como la Iturregui o el Centro Viejo.
Precisó que se encontró, como algo atípico en este tipo de construcciones, un segundo corredor que une el salón principal con el comedor, y eso no lo tienen otras casas de la misma época. El otro va del patio principal hasta la huerta.
Asimismo, hay un viejo albañal que alimentaba con agua del río Moche las huertas de las casas. Este recurso venía, a través del canal La Mochica, hasta la atarjea ubicada en la plazuela Recreo y de ahí se redistribuía a la ciudad.
“Es interesante haber encontrado estos canales del siglo XVII o XVIII que no corresponden a la arquitectura del XIX en el que se enmarca la casona”, precisó.
Puso de relieve la charola ubicada en el techo, una estructura tallada en madera y de las que en Trujillo sólo hay dos; la otra se aprecia, en estado de avanzado deterioro, en la casona Guimaraes (cuarta cuadra de la calle Gamarra).
De la misma manera, indicó que los murales rescatados corresponden al periodo romanticista del último tercio del siglo XIX, lo cual demuestra que la arquitectura civil y religiosa de Trujillo fue completamente policromada, muy rica en decoraciones, como esos temas rurales, similares a los que alberga la Casa Hoyle, Ganoza Temple y otras.
“Esto nos da una clara idea que detrás de los viejos enlucidos hay mucho por descubrir. El mural se debe ver no como un estorbo,sino como la piel de la arquitectura. Eso demuestra el interés que tuvo el trujillano del siglo XVI hasta mediados del XX por mantener sus viviendas ricamente decoradas, pero sin mayores costos”, enfatizó, al recordar que uno de los últimos muralista fue Manuel Márquez, quien pintó la mayoría de iglesias de esta ciudad.
“En esta casa se hizo un trabajo de restauración ajustado a todas las normas. Fue necesario consolidar las estructuras, es decir que los muros fueron calzados y se reforzó las puertas y ventanas”, comentó.
• VARIOS AMBIENTES
Gamarra Morales detalló que en la parte lateral derecha hay cinco ambientes destinados a exposiciones permanentes relacionadas con Víctor Raúl Haya de la Torre, con especial énfasis en el movimiento Grupo Norte; es decir que se destacará la parte intelectual antes que la política.
En una sala ubicada en el ingreso del local habrá una biblioteca con abundante documentación histórica y libros de la editorial del Congreso de la República. Otro espacio estará destinado a la venta de libros y souvenirs.
Mientras que el altillo o mezanine será usado para oficinas; y la parte central de la casa (cuatro ambientes) se destinará a exposiciones temporales.
Una primera sala acogerá las obras del pintor trujillano Macedonio La Torre, miembro del Grupo Norte; en el segundo, se exhibirán las pinturas de otro artista liberteño, Gerardo Chávez; y en el último ambiente se destacará la importancia del agua como el bien más importante, después de lo espiritual, ahí está canal recién descubierto, y que se acompañará con planos y mapas. El patio quedará libre.
En lo que fue la huerta también se recuperó un pozo de 7 metros de profundidad. En este ambiente se acondicionarán los servicios higiénicos y al fondo se construirá una sala de congresos y conferencias.
Morales Gamarra manifestó su satisfacción por este esfuerzo del Gobierno porque la última casa restaurada totalmente fue la Garci Holguín, en el 2000. Desde entonces la Casa Haya de la Torre es la primera que se recupera íntegramente, a iniciativa del congresista Luis Alva Castro, quien lideró las gestiones ante las diversas instancias gubernamentales.
Alva castro también fue el impulsor de la ‘Llegó la Hora de Trujillo’ (1987-1990), programa que permitió recuperar las iglesias Belén, Huamán, Santa Rosa, el Museo Catedralicio, la Catedral, El Carmen, el monasterio El Carmen, la Casa del Mariscal Orbegoso, la Casa Risco (Museo Arqueológico), entre otras.

La grandeza del Valle El Cumbe

Guido Sánchez Santur
sasagui35@gmail.com

A 20 kilómetros de la ciudad de Cajamarca, entre escarpados cerros y un iluminado paisaje se halla el valle del Cumbe. Una explanada en la altura, donde la lluvia y el viento se encargaron de esculpir y pulir en la roca enigmáticas figuras antropomorfas. Ahí mismo, el hombre andino, hace tres mil años, cultivó sin cesar las tierras, entre el canto y la danza, adorando al apu para que le favorezca con abundantes cosechas.
El indio de broncínea piel, reseca por el helado frío de las alturas, no se amilanó ante la complicada geografía, y con su fortaleza la dominó y la puso a su disposición. Mientras haya inteligencia humana el mundo seguirá cambiando y creciendo. Así lo registra la historia.
El ingenio y la creatividad de los antiguos caxamarcas los llevó a labrar la roca y abrir un largo canal para regar los campos. Hasta la fecha los investigadores no se explican los conocimientos que tuvo esta cultura para ejecutar obras de esta naturaleza.
 El arqueólogo Julio César Tello la calificó como una obra maestra de la ingeniería hidráulica, única en su género en América, que conjuga la destreza, inteligencia y la matemática.
El complejo arqueológico está compuesto por tres grupos monumentales que han supervivido al tiempo. Es acueducto de Cumbemayo es un canal abierto en la roca volcánica en épocas  preincas, con una perfección admirable, a 3,400 metros sobre el nivel del mar.
Destacan sus ángulos rectos, curvas, arcos, túneles, hasta desniveles que complementan la naturaleza y se abren paso por debajo de grandes rocas, regando los campos de trigo, cebada, olluco y papa. Previamente captan las aguas que fluyen de la vertiente del Pacífico hacia el Atlántico, pues se halla justo en el divortium aquarum.
En el santuario hay una roca o farallón con apariencia de cabeza humana gigantesca, en cuyas paredes están esculpidas, en bajo relieve, figuras y motivos confusos y sugestivos. Se dice que estas líneas representan el plano de lo que sería el canal. Lamentablemente estudiantes irresponsables que llegan en sus viajes promocionales las rayan y manchan, deteriorando su forma original.
Las cuevas se convierten en abrigos, y sus paredes están adornadas con petroglifos grabados con motivos felinos y antropomorfos, poco inteligibles, al que se suma la formación rocosa denominada Los Frailones.
Las formaciones geológicas o bosque de piedras abarcan una gran extensión de enormes farallones con diversas y caprichosas figuras, siendo las más conocidas las que semejan siluetas de frailes en silenciosa procesión.
• TRES DIAS SON POCO
Este recorrido se hace en mediodía. Hay otros atractivos de similar o mayor importancia, depende de cómo usted lo mire. Desde paseos a la iluminada y calurosa campiña de Cajamarca, donde los campos verdes se confunden con las amarillentas sementeras de trigo y cebada, en los violáceos atardeceres. Ahí pastan las vacas lecheras, orgullo de los cajamarquinos; o las ovejas vigiladas por dulces jovencitas, de coloridos vestidos.
En la tarde es posible visitar la ex hacienda La Collpa, singular porque las vacas en las tardes son llamadas cada una por su nombre para ser ordeñadas. Al escuchar su nombre salen del corral y se colocan en el ordeñadero, a la espera del obrero que les succionará la leche.
¿Y por qué Collpa? Una teoría dice que ese nombre se tomó de un mineral utilizado para fijar los colores, disuelto es como una resina.
Ese mismo itinerario nos lleva a Llacanora, histórico pueblo que se caracteriza porque a lo largo del año presenta un panorama verde y floreado, gracias a su especial microclima. En sus alrededores están las famosas cuevas que albergan extrañas pinturas rupestres, expresión de la actividad rutinaria del antiguo caxamarquino.
El río Cajamarca, en épocas de invierno forma impresionantes cataratas que no tienen nada que envidiar a las que hay en la selva. Más aún, es posible practicar el canotaje en las caudalosas aguas que se desplazan con fuerza en la pendiente de su cauce.
Otra ruta es la que nos lleva a las ventanillas de Otuzco, viejas tumbas que utilizó la civilización Caxamarca y que ahora aparecen como mudos testigos del grado cultural que alcanzaron sus hombres.
El city tour es infalible, podemos conocer la arquitectura colonial: iglesia Belén, conjunto arquitectónico del siglo XVIII, a una cuadra de la Plaza de Armas, construida sobre terrenos de los caciques. Ha sido tallada en piedra con torres inconclusas; iglesia San Francisco, del siglo XVIII, tiene tres naves, hecha de piedra y cantería, posee un museo de arte religioso, pinacoteca y catacumbas debajo del altar mayor.
La catedral, en plena Plaza de Armas del siglo XVII, su estilo es barroco tallada en piedra volcánica; la Recoleta, iglesia y ex convento de la congregación franciscana, del siglo XVIII, considerado uno de los mejores en su género. Además de apreciar innumerable casonas que pueblan Cajamarca.
Después de recorrer el centro histórico, la ruta obligada es hacia el cerro Santa Apolonia, en cuya cima se ubican escalinatas y las famosas piedras talladas, donde los antiguos caxamarcas hacían los sacrificios a sus dioses.
Alguna vez nos hemos tomado una foto en la denominada “silla del inca”, pero ¿sabía usted que no pertenece a esta época histórica sino a una civilización anterior? El único resto inca evidente en Cajamarca es el Cuarto del Rescate, donde Atahualpa almacenó oro y plata para canjearlos por su libertad cuando estaba en manos de Francisco Pizarro, tras el inicio de la conquista.

Punkurí o el Santuario del Puma en Ancash

Imponente arquitectura de los moches
Guido Sánchez Santur
Las antiguas civilizaciones de la costa peruana siempre buscaron las tierras fértiles e irrigadas por caudalosos ríos para levantar sus templos y ciudades. No fueron la excepción los pobladores del valle bañado por el río Nepeña que, hace 4.000 años, edificaron el esplendoroso Santuario de Punkurí.
Se trata de una construcción piramidal escalonada de adobe, con un área aproximada de 3.000 metros cuadrados y 8 metros de altura. Los muros son anchos, enlucidos, cubiertos con pintura mural y adornados con dibujos en alto o bajo relieve. Tiene dos plataformas que se comunican mediante escalinatas, con orientación hacia el norte.
Nos llaman la atención especialmente las columnas cilíndricas polícromas con diversas decoraciones, las mismas que sostenían el techo. Pero el principal atractivo es la escultura de un enorme puma reposando, que está colocado en las primeras gradas de la escalinata.
A consecuencia del paso del tiempo está descolorida y algo deteriorada, pero se puede apreciar en su verdadera dimensión a través de una réplica que instalada en el centro de visitantes.
También se aprecia, en bajo relieve, la figura de una cabeza humana sobre un fondo azul, que se trataría de una ofrenda a los dioses para que la tierra produzca mejores frutos.
Su principal investigador, Lorenzo Samaniego Román, la considera waka o santuario, es decir que fue un lugar sagrado, construido por los primeros habitantes de la cultura Sechín. Hasta el momento, se le considera el templo de barro más antiguo de América prehispánica.
“La riqueza iconográfica con representación de dioses, el hombre, los animales, las plantas, etc. constituyen el universo ideológico de aquella sociedad que empezaba a dividirse en estratos sociales por la presencia de especialistas: constructores, pintores, escultores y chamanes (sacerdotes”, sostiene Samaniego Román.
Esta civilización destacó en la agricultura y en el comercio interregional, según se deduce de los elementos yungas, quechuas y selváticos encontrados en las excavaciones; así como marinos (spondillus y pututo).
• MUSEO Y JARDIN BOTANICO
En este monumento arqueológico se desarrolló una investigación arqueológica, en el marco del Proyecto Turístico Sur Pacífico que financió la empresa agroindustrial San Jacinto, en convenio con la Universidad del Santa, con la finalidad de recuperar el patrimonio cultural de la costa ancashina.
Con estos recursos se habilitó el Centro de Investigación y Exposición Cultural Arturo Jiménez Borja, donde se exhiben las piezas de cerámica, textiles y diversos objetos encontrados en las distintas excavaciones.
Asimismo, en concordancia con el paisaje, fue acondicionado un jardín botánico con 86 especies prehispánicas que fueron recuperadas (algodón, frijol, ají, camote, yuca, maguey, San Pedro, tara, sinamonos, etc.), las mismas que rodean al monumento.
Estos trabajos contribuyen a profundizar en la historia social de la costa ancashina, y poner en valor un nuevo atractivo arqueológico que complementa  este corredor turístico.
El nombre Punkurí deriva de las voces quechuas Pungu Chucu que significan puerta y casco. El historiador peruano Julio César Tello lo denominó Punkurí, pero los pobladores lo llaman Pungurí. Está situado a 30 kilómetros de Chimbote, en el distrito de Nepeña, provincia del Santa (Ancash).
Pero el valle Nepeña tiene mucho más, es muy rico en recursos arqueológicos y culturales que constituyen un circuito turístico completo, el mismo que permite  comprender el nivel de desarrollo alcanzado por las civilizaciones que se asentaron en esta región, y que antecedieron a Sechín, en Casma y a Chavín, en Huaraz.

La Ruta del Huayanay

Bordean las 5 de la mañana y el bus se detiene en la Plaza de Armas, después de 8 horas de viaje. Descendemos y el frío serrano nos abraza. Una mototaxi nos lleva hasta nuestra posada, una amplia casona, como muchas de las que existen en San Marcos (Cajamarca) que, por su elevada producción de variados cereales, se ha ganado el calificativo del Granero del Norte.

Dos horas después, Amparo Castañeda Abanto, nos sirve, en una extensa mesa, un desayuno típico de la sierra cajamarquina: caldo verde, paltas, torta de manteca con queso, mashca (harina de trigo, linaza y cebada tostados), pajuros sancochados (frejoles que miden hasta cinco centímetros, cada grano es diez veces más grande que un frejol común). Y para asentar un café, chocolate o filtrante, al gusto de los comensales.
Tras repetir un segundo caldo verde (o El Verde), Amparo me explica que se trata de un potaje antiquísimo y que los cajamarquinos residentes en otras ciudades del país o el extranjero, como un ritual, se reúnen periódicamente sólo para comer este potaje, circunstancia en la que se enteraran de todo lo que pasa en su tierra natal, de la cual siempre están pendientes.
Pero, ¿En qué consiste?
Para prepararlo se requiere paico, comino entero y ajo que, después de molerlo en un batán, se echa a la olla en la que se ha hervido la papa en trozos; también se le agrega algunos huevos.
Con este contundente y nutritivo desayuno, estamos listos para recorrer el Circuito Agroecoturístico Huayanay, que comprende 40 kilómetros, y se asciende desde los 2250 msnm (San Marcos) y hasta los 2650 msnm (Huamaní).
 En este trayecto compartimos las costumbres que albergan los caseríos Huayanay, Huamaní y el centro poblado Juquit. En cada lugar una familia de agricultores ecológicos se convierte en anfitriona y en guía de nosotros, y nos ofrece la comida que ellos preparan: sana, ecológica y fresca con productos que ellos mismo cultivan en sus parcelas, utilizando técnicas sostenibles.
Celestino Salirrosas Machuca explica que aprendió a preparar compost con el cual abona el suelo para obtener abundante cosecha de repollo, betarraga, cebolla, zanahoria, zapallo, papa, arracacha, caigua, choclo; así como ajo, pepino, rocoto, lechuga, culantro, manzanilla, hierba buena, toronjil, perejil, anís, entre otros que cultiva en su chacra y utiliza en su alimentación diaria.
LEYENDA Y TRADICIÓN
En Huayanay, a 8 kilómetros de San Marcos, nos recibe un grupo de devotas de la Virgen de la Natividad cuya fiesta se celebra el 7 y 8 de setiembre. En estas fechas retornan los huayanainos que viven en otras partes del país porque los festejos son literalmente “hasta morir”. Dicen que bebe mucho licor y se queman tantos castillos que en varias oportunidades se incendiaron viviendas con las chispas que cayeron, inclusive cierta vez hasta murió una persona intentando sofocar el fuego.
Es que hay razones para celebrar a lo grande: la Virgen es muy milagrosa y está impregnada de leyenda y tradición. Nadie recuerda cuando empezó esta devoción, pero todos saben que fue encontrada en la catarata de Huayanay, una hermosa caída de agua que se ha convertido en uno de los importantes atractivos de este circuito turístico.
Amparo Castañeda nos narra que “hace varios años en Huayanay vivía don Natividad, cuyas chacras estaban en la parte baja, y en el trayecto todas las mañanas encontraba a dos hermosas niñas que jugaban en una acequia, pero no eran de este lugar; entonces en una ocasión se acercó a preguntarles el nombre de su padre y donde vivía. Ellas solamente lo miraron y empezaron a caminar por el agua y se deslizaron por la catarata o pacchaj (lugar con una energía muy fuerte a donde era difícil ingresar, y los niños ni lo intentaban porque se asustaban y tenían que ser limpiados por el curandero, igual que los adultos de espíritu débil).
“Eso le preocupó  a don Natividad porque no podía bajar, y fue en busca de otros vecinos para rescatarlas en la parte baja de la cascada. Al llegar, no estaban, pero al mirar hacia arriba las vieron sentadas en unas piedras que sobresalen en la mitad de esa caída (ahora se les conoce como sillas de la virgen). “Como era necesario bajarlas, llamaron más gente y en esos momentos, las niñas se convirtieron en Vírgenes, luego las llevaron al pueblo”.
“Entre la algarabía, a las dos las denominaron Vírgenes de la Natividad, en honor a quien las encontró, y una quedó en Huayanay y la otra la trasladaron al distrito Chancay. A la primera le construyeron una capilla a 200 metros de la catarata, y lo curioso fue que todas las noches se regresaba, hasta que en un sueño le reveló a don Natividad que le haga su templo cerca al pacchaj y de ahí ya no se movió. Desde entonces le celebran su fiesta el 8 de setiembre”.
“Mientras que a la hermana, que está en Chancay, la festejan el 25 de diciembre. En esos años, durante sus festividades, los campesinos las encontraban por los caminos, convertidas en niña; es decir que se visitaban mutuamente para estar presente en sus celebraciones”.
Esta es una de las tantas leyendas que nos cuentan los campesinos mientras nos dirigimos a la catarata, siguiendo el empedrado y empinado camino que ellos mismos habilitaron para hacer más fácil el acceso a los visitantes. La satisfacción se completa con un baño en ese torrente, mientras en lo alto revoletean un sinnúmero de aves que anidan en este hábitat.

 
PROYECTO ECOTURÍSTICO

El Centro de Investigación, Documentación, Educación, Asesoramiento y Servicios (Ideas) tiene en marcha proyectos de agroecología, manejo de suelos, rescate y uso de la biodiversidad cultivada y silvestre, así como la recuperación de saberes tradicionales relacionados con la agricultura. Mientras que la Asociación ETC Andes, que integra el Programa BioAndes, financiado por la cooperación suiza, aborda temas de biodiversidad y culturas vivas.
Ambas organizaciones suscribieron un convenio para ejecutar el proyecto turístico en Shitamalca, como una forma de incentivar a los agricultores a que continúen con sus prácticas ecológicas y la conservación de biodiversidad, usando saberes tradicionales.
Esta iniciativa pretende implementar un Comité de Desarrollo Turístico de la Microcuenca Shitamalca, mejorar la gestión del turismo en el municipio de San Marcos, crear una guardia de vigilancia de los matorrales nativos, fortalecer el Comité de Administración del pacchaj Huayanay.
Asimismo, concretar un programa de capacitación para mejorar la calidad de los servicios turísticos rurales y de la ciudad de San Marcos, y la inserción de temas turísticos en el currículo escolar.
De la misma manera, habilitar un local para venta de artesanía y productos ecológicos, construcción de centros de recreación en los circuitos de esa microcuenca; así como las carreteras Patiñico-Trascorral y Patiñico-San Isidro. Además, acondicionar casas de hospedaje rural. Ello se complementa con actividades de promoción y la puesta en valor de los atractivos que abarcan los diversos circuitos.
Al respecto, Wilmer Castañeda Izquierdo, gerente de Desarrollo Económico de la Municipalidad de San Marcos, asegura que existe un interés en fomentar el turismo, aprovechando los variados recursos existentes; pero esto obliga a desarrollar un trabajo de planificación, habilitación de accesos y sensibilización a la población. En tal sentido, destacó el impulso del circuito de Shitamalca y Paucamarca.
Agregó que el 90 por ciento de la provincia de San Marcos cuenta con trochas, pero requieren mantenimiento. Esto debe ser aprovechado en la identificación de nuevos circuitos turísticos, en base a un plan de desarrollo.

Miles disfrutaron en carnaval de Conache


TRUJILLO, PERÚ. Cuando las agujas del reloj marcaban las 5:20 de la tarde y los más de 20 mil concurrentes al carnaval de Conache ya tenían dentro varias copas de chicha de jora cajamarquina o de refrescantes cervezas, se dio paso al recorrido de las reinas, bandas y comparsas que avanzaron lentamente, mientras la Policía Montada abría el sendero entre la multitud congregada, desde el mediodía en la Ramada Cajamarquina (Laredo).
Tras la Policía iban los Diablos de Paucamarca (San Marcos) que con su original baile desgarraban aplausos y vivas del público. Enseguida, apareció el carro que conducía a la Reina de Conache, Evelyn Guevara Arias, descendiente de cajamarquinos que a sus 15 años irradia una belleza sin par.
A continuación avanzó la comparsa de Cumbemayo que este año nuevamente se coronó como ganador absoluto del corso del carnaval cajamarquino. No está demás precisar que esta representación es la que más galardones ha ganado en aquél certamen.
Y bajo los acordes de la banda de músicos Mi Perú se desplazaba la esbelta Diany Chávarri Chávez, de 21 años de edad, estudiante del sétimo ciclo de Marketing en la Universidad Privada del Norte (UPN). Ella fue reina del carnaval de Cajamarca 2009 y reina de las Bodas de Oro del Barrio Cumbemayo.
De padres y abuelos cajamarquinos, sus estudios los comparte con el modelaje y el anfitrionaje; pero, no puede ocultar su orgullo de sentir que por sus venas corre sangre de una de las eminentes artistas internacionales: Ima Sumac, su tía abuela, de quien heredó no sólo el entusiasmo, sino también la belleza y el optimismo que lo transmite en su mirada.
Entre vivas, piropos y algarabía repartía besos volados la reina del carnaval de Cajamarca 2010, Karla Chávez Guzmán, de tan sólo 17 años, quien estudia Negocios en la UPN y aspira a convertirse en la próxima Miss Mundo.
Después de despertar las pasiones en el público, el espectáculo se concentró en el estrado, donde fue coronada Evelyn y galardonadas, con hermosos arreglos florales, Karla y Diany, quienes demostraron su acendrada identidad cajamarquina al bailar el inconfundible huayno con los organizadores del carnaval: Nicolás y Daniel Carrera Dávila, así como el regidor de Trujillo, Carlos Burméster.

Este momento fue amenizado por la Tropic Band, agrupación musical con 10 años de vigencia que por primera vez estuvo amenizó este carnaval. A este marco musical se sumaron Silverio Urbina y su orquesta (Lima), Homero Medina Marín (Paucamarca), Walter Tambo Jara y Santiago Carrera Burgos (San Marcos), Carlos Roberto (El Mago del Piano de Trujillo), banda de músicos Mi Perú (Trujillo), Janer Vargas Vargas (Paucamarca), Mixtura Perú, Yumpay, los Nativos de Cajamarca.

Pero el público no sólo llegó a la Ramada Cajamarquina atraída por la tradicional música y el espectáculo carnavalesco, sino también por los exquisitos platos típicos: copús, cuy con papas, mote de trigo, chicharrón de cerdo, cabrito y la infalible chicha de jora.

Pasadas las 9 de la noche la algarabía llegó a su máxima expresión, cuando empezó a derribarse los dos palos cilulos levantados al centro de la explanada, los que eran cortados con el hacha, mientas la gente danzaba rítmicamente en su rededor.