La Ruta del Huayanay

Bordean las 5 de la mañana y el bus se detiene en la Plaza de Armas, después de 8 horas de viaje. Descendemos y el frío serrano nos abraza. Una mototaxi nos lleva hasta nuestra posada, una amplia casona, como muchas de las que existen en San Marcos (Cajamarca) que, por su elevada producción de variados cereales, se ha ganado el calificativo del Granero del Norte.

Dos horas después, Amparo Castañeda Abanto, nos sirve, en una extensa mesa, un desayuno típico de la sierra cajamarquina: caldo verde, paltas, torta de manteca con queso, mashca (harina de trigo, linaza y cebada tostados), pajuros sancochados (frejoles que miden hasta cinco centímetros, cada grano es diez veces más grande que un frejol común). Y para asentar un café, chocolate o filtrante, al gusto de los comensales.
Tras repetir un segundo caldo verde (o El Verde), Amparo me explica que se trata de un potaje antiquísimo y que los cajamarquinos residentes en otras ciudades del país o el extranjero, como un ritual, se reúnen periódicamente sólo para comer este potaje, circunstancia en la que se enteraran de todo lo que pasa en su tierra natal, de la cual siempre están pendientes.
Pero, ¿En qué consiste?
Para prepararlo se requiere paico, comino entero y ajo que, después de molerlo en un batán, se echa a la olla en la que se ha hervido la papa en trozos; también se le agrega algunos huevos.
Con este contundente y nutritivo desayuno, estamos listos para recorrer el Circuito Agroecoturístico Huayanay, que comprende 40 kilómetros, y se asciende desde los 2250 msnm (San Marcos) y hasta los 2650 msnm (Huamaní).
 En este trayecto compartimos las costumbres que albergan los caseríos Huayanay, Huamaní y el centro poblado Juquit. En cada lugar una familia de agricultores ecológicos se convierte en anfitriona y en guía de nosotros, y nos ofrece la comida que ellos preparan: sana, ecológica y fresca con productos que ellos mismo cultivan en sus parcelas, utilizando técnicas sostenibles.
Celestino Salirrosas Machuca explica que aprendió a preparar compost con el cual abona el suelo para obtener abundante cosecha de repollo, betarraga, cebolla, zanahoria, zapallo, papa, arracacha, caigua, choclo; así como ajo, pepino, rocoto, lechuga, culantro, manzanilla, hierba buena, toronjil, perejil, anís, entre otros que cultiva en su chacra y utiliza en su alimentación diaria.
LEYENDA Y TRADICIÓN
En Huayanay, a 8 kilómetros de San Marcos, nos recibe un grupo de devotas de la Virgen de la Natividad cuya fiesta se celebra el 7 y 8 de setiembre. En estas fechas retornan los huayanainos que viven en otras partes del país porque los festejos son literalmente “hasta morir”. Dicen que bebe mucho licor y se queman tantos castillos que en varias oportunidades se incendiaron viviendas con las chispas que cayeron, inclusive cierta vez hasta murió una persona intentando sofocar el fuego.
Es que hay razones para celebrar a lo grande: la Virgen es muy milagrosa y está impregnada de leyenda y tradición. Nadie recuerda cuando empezó esta devoción, pero todos saben que fue encontrada en la catarata de Huayanay, una hermosa caída de agua que se ha convertido en uno de los importantes atractivos de este circuito turístico.
Amparo Castañeda nos narra que “hace varios años en Huayanay vivía don Natividad, cuyas chacras estaban en la parte baja, y en el trayecto todas las mañanas encontraba a dos hermosas niñas que jugaban en una acequia, pero no eran de este lugar; entonces en una ocasión se acercó a preguntarles el nombre de su padre y donde vivía. Ellas solamente lo miraron y empezaron a caminar por el agua y se deslizaron por la catarata o pacchaj (lugar con una energía muy fuerte a donde era difícil ingresar, y los niños ni lo intentaban porque se asustaban y tenían que ser limpiados por el curandero, igual que los adultos de espíritu débil).
“Eso le preocupó  a don Natividad porque no podía bajar, y fue en busca de otros vecinos para rescatarlas en la parte baja de la cascada. Al llegar, no estaban, pero al mirar hacia arriba las vieron sentadas en unas piedras que sobresalen en la mitad de esa caída (ahora se les conoce como sillas de la virgen). “Como era necesario bajarlas, llamaron más gente y en esos momentos, las niñas se convirtieron en Vírgenes, luego las llevaron al pueblo”.
“Entre la algarabía, a las dos las denominaron Vírgenes de la Natividad, en honor a quien las encontró, y una quedó en Huayanay y la otra la trasladaron al distrito Chancay. A la primera le construyeron una capilla a 200 metros de la catarata, y lo curioso fue que todas las noches se regresaba, hasta que en un sueño le reveló a don Natividad que le haga su templo cerca al pacchaj y de ahí ya no se movió. Desde entonces le celebran su fiesta el 8 de setiembre”.
“Mientras que a la hermana, que está en Chancay, la festejan el 25 de diciembre. En esos años, durante sus festividades, los campesinos las encontraban por los caminos, convertidas en niña; es decir que se visitaban mutuamente para estar presente en sus celebraciones”.
Esta es una de las tantas leyendas que nos cuentan los campesinos mientras nos dirigimos a la catarata, siguiendo el empedrado y empinado camino que ellos mismos habilitaron para hacer más fácil el acceso a los visitantes. La satisfacción se completa con un baño en ese torrente, mientras en lo alto revoletean un sinnúmero de aves que anidan en este hábitat.

 
PROYECTO ECOTURÍSTICO

El Centro de Investigación, Documentación, Educación, Asesoramiento y Servicios (Ideas) tiene en marcha proyectos de agroecología, manejo de suelos, rescate y uso de la biodiversidad cultivada y silvestre, así como la recuperación de saberes tradicionales relacionados con la agricultura. Mientras que la Asociación ETC Andes, que integra el Programa BioAndes, financiado por la cooperación suiza, aborda temas de biodiversidad y culturas vivas.
Ambas organizaciones suscribieron un convenio para ejecutar el proyecto turístico en Shitamalca, como una forma de incentivar a los agricultores a que continúen con sus prácticas ecológicas y la conservación de biodiversidad, usando saberes tradicionales.
Esta iniciativa pretende implementar un Comité de Desarrollo Turístico de la Microcuenca Shitamalca, mejorar la gestión del turismo en el municipio de San Marcos, crear una guardia de vigilancia de los matorrales nativos, fortalecer el Comité de Administración del pacchaj Huayanay.
Asimismo, concretar un programa de capacitación para mejorar la calidad de los servicios turísticos rurales y de la ciudad de San Marcos, y la inserción de temas turísticos en el currículo escolar.
De la misma manera, habilitar un local para venta de artesanía y productos ecológicos, construcción de centros de recreación en los circuitos de esa microcuenca; así como las carreteras Patiñico-Trascorral y Patiñico-San Isidro. Además, acondicionar casas de hospedaje rural. Ello se complementa con actividades de promoción y la puesta en valor de los atractivos que abarcan los diversos circuitos.
Al respecto, Wilmer Castañeda Izquierdo, gerente de Desarrollo Económico de la Municipalidad de San Marcos, asegura que existe un interés en fomentar el turismo, aprovechando los variados recursos existentes; pero esto obliga a desarrollar un trabajo de planificación, habilitación de accesos y sensibilización a la población. En tal sentido, destacó el impulso del circuito de Shitamalca y Paucamarca.
Agregó que el 90 por ciento de la provincia de San Marcos cuenta con trochas, pero requieren mantenimiento. Esto debe ser aprovechado en la identificación de nuevos circuitos turísticos, en base a un plan de desarrollo.

Miles disfrutaron en carnaval de Conache


TRUJILLO, PERÚ. Cuando las agujas del reloj marcaban las 5:20 de la tarde y los más de 20 mil concurrentes al carnaval de Conache ya tenían dentro varias copas de chicha de jora cajamarquina o de refrescantes cervezas, se dio paso al recorrido de las reinas, bandas y comparsas que avanzaron lentamente, mientras la Policía Montada abría el sendero entre la multitud congregada, desde el mediodía en la Ramada Cajamarquina (Laredo).
Tras la Policía iban los Diablos de Paucamarca (San Marcos) que con su original baile desgarraban aplausos y vivas del público. Enseguida, apareció el carro que conducía a la Reina de Conache, Evelyn Guevara Arias, descendiente de cajamarquinos que a sus 15 años irradia una belleza sin par.
A continuación avanzó la comparsa de Cumbemayo que este año nuevamente se coronó como ganador absoluto del corso del carnaval cajamarquino. No está demás precisar que esta representación es la que más galardones ha ganado en aquél certamen.
Y bajo los acordes de la banda de músicos Mi Perú se desplazaba la esbelta Diany Chávarri Chávez, de 21 años de edad, estudiante del sétimo ciclo de Marketing en la Universidad Privada del Norte (UPN). Ella fue reina del carnaval de Cajamarca 2009 y reina de las Bodas de Oro del Barrio Cumbemayo.
De padres y abuelos cajamarquinos, sus estudios los comparte con el modelaje y el anfitrionaje; pero, no puede ocultar su orgullo de sentir que por sus venas corre sangre de una de las eminentes artistas internacionales: Ima Sumac, su tía abuela, de quien heredó no sólo el entusiasmo, sino también la belleza y el optimismo que lo transmite en su mirada.
Entre vivas, piropos y algarabía repartía besos volados la reina del carnaval de Cajamarca 2010, Karla Chávez Guzmán, de tan sólo 17 años, quien estudia Negocios en la UPN y aspira a convertirse en la próxima Miss Mundo.
Después de despertar las pasiones en el público, el espectáculo se concentró en el estrado, donde fue coronada Evelyn y galardonadas, con hermosos arreglos florales, Karla y Diany, quienes demostraron su acendrada identidad cajamarquina al bailar el inconfundible huayno con los organizadores del carnaval: Nicolás y Daniel Carrera Dávila, así como el regidor de Trujillo, Carlos Burméster.

Este momento fue amenizado por la Tropic Band, agrupación musical con 10 años de vigencia que por primera vez estuvo amenizó este carnaval. A este marco musical se sumaron Silverio Urbina y su orquesta (Lima), Homero Medina Marín (Paucamarca), Walter Tambo Jara y Santiago Carrera Burgos (San Marcos), Carlos Roberto (El Mago del Piano de Trujillo), banda de músicos Mi Perú (Trujillo), Janer Vargas Vargas (Paucamarca), Mixtura Perú, Yumpay, los Nativos de Cajamarca.

Pero el público no sólo llegó a la Ramada Cajamarquina atraída por la tradicional música y el espectáculo carnavalesco, sino también por los exquisitos platos típicos: copús, cuy con papas, mote de trigo, chicharrón de cerdo, cabrito y la infalible chicha de jora.

Pasadas las 9 de la noche la algarabía llegó a su máxima expresión, cuando empezó a derribarse los dos palos cilulos levantados al centro de la explanada, los que eran cortados con el hacha, mientas la gente danzaba rítmicamente en su rededor.

El paleontólogo autodidacta de Paucamarca


Paucamarca es la capital del distrito Gregorio Pita, ubicado a 20 minutos de la ciudad de San Marcos (Cajamarca) y se caracteriza porque su gente es muy emprendedora, exitosa, amable y grata con su pueblo. Aquí encontramos a Enrique Reynaldo Ramos Abanto, un raro personaje, que desde hace 10 años se dedica a coleccionar los fósiles que están desperdigados en esa agreste geografía andina.
En el pueblo todos lo conocen como una persona que colecciona “piedras raras”. A un costado de su vivienda, exhibe pesadas rocas con distintas figuras talladas por la naturaleza: un  dinosaurio, un águila u otras con formas de estalactitas, una silla, una ardilla gigante; inclusive, la rueda de un molino de piedra con la que se muele cereales, aprovechando la fuerza del agua. Todas éstas las llevó hasta su casa con ayuda de algunos vecinos, en acémilas o en vehículos.
Después de una primera explicación nos pide ingresar a una estrecha sala donde acondicionó unos estantes en los que ordenó, según el tamaño, al menos 500 piezas de de fósiles y piedras trabajadas por antiguas culturas o simplemente talladas por acción de la naturaleza.
Emocionado nos muestra un pelícano, tortugas, caracoles de diversos tamaños, conchas, una hoja de tuna, raíces, peces, estrellas de mar, raíces, entre otros. Le presta mayor atención a una que tiene forma de bota, y que un paleontólogo le dijo que se trata del fragmento de la pierna de un ser humano (desde la rodilla hasta el pie) y varias piedras medianas con incrustaciones en el centro, a manera de encofrado, las que habrían sido trabajadas por los pobladores ancestrales de esta región.
Ramos Abanto es un pequeño agricultor de 51 años de edad, y recuerda que de pura casualidad se adentró en este hobbie, que ahora es parte de su vida, pues se ha especializado de tanto conversar con tanta gente que visita su colección, por eso, sus paisanos le avisan cuando encuentran alguna rareza de este tipo, y él va en su búsqueda, aprovechando los feriados o domingos porque no puede descuidar su chacra, pues con las cosechas sustenta su hogar.
“Como de costumbre, un día salí al campo y en el camino encontré una piedra que me llamó la atención, la recogí y la traje a casa. Después cada vez que iba a mi chacra no dejaba de observar el suelo en busca de otras, y siempre encontraba. Hasta que me di cuenta que de nada servía tenerlas guardadas y acondicioné una pequeña sala para mostrarlas a los visitantes”, comenta.
Hasta el momento logró recoger más de 500 piezas grandes y pequeñas, entre las que hay fósiles, formaciones naturales y talladas por las antiguas culturas que poblaron este territorio.
Ramos Abanto sólo cursó estudios de primaria, pero ya se considera un ducho en la paleontología, es decir, que empíricamente indaga lo que guardan los fósiles (restos o señales de la actividad de organismos conservados en las rocas sedimentarias que pueden haber sufrido transformaciones en su composición o deformaciones: esqueletos, conchas y caparazones de animales, plantas, moldes o las huellas de la actividad humana o animal).
“Los últimos años me visitó mucha gente, entre ellos algunos estudiosos que me decían que estos eran fósiles y yo les preguntaba qué cosa era eso, y me explicaban que eran animales o plantas petrificadas. Así, de a pocos, fui aprendiendo y ahora sé con certeza lo que hago, y la importancia que tiene para la humanidad”, asevera.
Entre sus ilustradores está el catedrático de la Universidad Mayor de San Marcos, Olegario Marín, quien le proporcionó bibliografía sobre la Paleontología, la que lee con avidez. Y lo que le causó más sorpresa y satisfacción fue que en esas páginas encontró figuras y dibujos de todos los objetos que tiene en su poder. Eso le imprimió más entusiasmo para seguir adelante en su afición.

Advierte que esta tarea no es fácil porque siempre encuentra obstáculos, pero él sabe esquivarlos y salir triunfante con lo que se propone, por eso ahora proyecta construir un museo con estructuras de piedra, madera y barro, y aunque solicita el apoyo de las autoridades locales y regionales o de instituciones privadas, asegura que de todas maneras lo concretará este año, pues ya tiene listo el material y sólo espera que termine el periodo de lluvias para iniciar la obra.
Insiste en que no quiere utilizar cemento ni ladrillo, sino materiales de la zona para que no desentone con el paisaje, y que los visitantes se sientan a gusto.
“Sé que esto es algo valioso y un aporte para el Perú y el mundo, desde Paucamarca. Habrá grandes museos modernos en las ciudades, pero acá tenemos lo que nos provee la naturaleza, producto de la evolución a lo largo de millones de años. Lo importante es que las futuras generaciones conozcan y sepan cómo qué hubo en el pasado”, enfatiza.
Ramos Abanto también está aprendiendo a tallar y dibujar en piedras. Antes de salir, le compramos algunas de sus creaciones como una forma de retribuir su enorme esfuerzo en beneficio de la cultura, tarea en la que también están involucrados sus menores hijos, quienes ya aprendieron a reconocer los fósiles.
Tierra de filántropos
Paucamarca es un pueblo cajamarquino prodigioso, nos solo por su productividad agrícola, sino también por la grandeza de su gente. Muchos salieron a temprana edad en busca de otros horizontes, y alcanzaron el éxito, tanto en el Perú como en el extranjero; pero lo más importante no es eso, sino que nunca se olvidaron de la tierra que los vio nacer. La gratitud es su característica principal, de tal manera que las principales obras de desarrollo que se hicieron realidad aquí fue, en parte, con el aporte de ellos.
Uno de los más representativos es Mario Abanto Cerdán, un empresario paucamarquino que tiene restaurantes en Estados Unidos, que figuran en entre los mejores de comida latinoamericana. Él, todos los años, retorna a su pueblo natal, donde es muy querido porque aportó para reconstruir la iglesia, la escuela, la Plaza de Armas, la posta médica, a la que donó una ambulancia equipada. Lo propio hizo en la ciudad de San Marcos, al aportar recursos para la iglesia, y este mes regaló un enorme reloj para el flamante mercado que inauguró la municipalidad provincial.
Nicolás Carrera Dávila es otro empresario filántropo que cada vez que le solicitan siempre apoya en algo. Él empezó vendiendo pan en Trujillo ahora es un próspero comerciante, conocido como el impulsor de una de las festividades liberteñas que convoca más gente en un solo día: el carnaval de Conache.
Telmo Sánchez Lezama es sanmarquino y todos lo conocen en toda la provincia porque siempre estuvo presente en cuanta obra se ejecutaba. Dicen que la hidroeléctrica de San Marcos iba a quedar inconclusa por falta de dinero, al enterarse se ofreció a trabajar sin cobrar nada, inclusive con sus alumnos. No sólo eso, también se encargó de gestionar los recursos que faltaba, y personalmente trasladaba alimentos y materiales desde la ciudad hasta donde estaban los obreros.
Lo más curioso es que es ateo y también laboró gratis con el afán de que se termine pronto la construcción del templo católico de Paucamarca, a fin de que sea inaugurado aprovechando la fiesta patronal. Además, se caracteriza ser muy solidario. Amparo Castañeda lo explica bien: “Aparece en el momento exacto que uno lo necesita, aunque no lo llamemos”. La lista de esta gente es larga, pero para ejemplo, basta. Por eso, visitar estos lares es más que reconfortante.

Su majestad, el Pisco Sour

Por: Guido Sánchez Santur


El barman corta los limones y licúa la clara de huevo, luego en un vaso grande los mezcla con el pisco, el jarabe de goma y el hielo, y procede a batir hasta dejar a punto el espumoso Pisco Sour, que de inmediato procede a servir en una copa, a la cual le agrega entre una y dos gotas de amargo de angostura.
Está listo para beber una copa y otra más, como lo hicimos el sábado 6 de febrero último, con motivo de celebrarse el  Día del Pisco Sour en todos los rincones del país, y Trujillo no fue la excepción
Con ese motivo dialogamos con Alfredo Rojas Paredes, gerente administrativo del restaurante Big Ben de Huanchaco, quien nos ilustra que gracias a las características de gran nivel alcohólico y acidez hacen del pisco sour un acompañante especial del cebiche de pescado o de mariscos, en los que la presencia del limón es el común denominador. Mientras que el picante del ají emparenta con la dosis apropiada de alcohol.
Pero el pisco sour también conjuga con las conchitas al limón, a la parmesana, el tiradito a la crema, calamares al limón, y la variedad de platos preparados con los frutos que el mar nos provee frescos para ser sazonados con limón y ajíes.
Advierte que esto se le denomina maridaje que no es otra cosa que el matrimonio, la unión en perfecta armonía entre la bebida y la comida, pero no todos los platos logran esta relación. Es necesario que ambas de aprecien en el mismo nivel y no que una opaque a la otra.
El maridaje más común es entre el vino y la comida, pero también se da con las bebidas espirituosas, las cervezas, etc. Y el pisco sour es un coctel clásico al igual que el Martini, el Manhattan, las coladas, el mojito y otros.
Y, además de lo dicho en arriba, puede tomarse como un aperitivo o un digestivo por su nivel alcohólico, la acidez y el dulzor que contiene. Su fórmula de preparación se diversifica de acuerdo al gusto de quienes lo beben, pero manteniendo la proporción, como en el Big Ben que se ofrecen o dobles o catedrales (más cargados de alcohol).
ORGULLO NACIONAL
Es así que nuestras bebidas originarias, como las comidas típicas, las tradiciones y la historia nos imprimen esa identidad nacional única. Son elementos que nos enorgullecen porque la repercusión de su fama deja bien puesto nombre del Perú en el mundo.
Ese papel juega el Pisco que como bebida espirituosa se ha convertido en la bebida de bandera del país, es degustada y apreciada por los paladares de los más exigentes catadores., y que dio paso al afamado Pisco Sour.
El Día Pisco Sour se festeja desde el 2004 el primer sábado de febrero, según el Decreto Supremo N º 161-2004-Produce. La celebración la asumen autoridades o empresarios, como en La Libertad que los actos oficiales los organiza la Cámara de Comercio. Según la tradición, esta bebida se preparó por primera vez en los años 20 en el Bar Morris, en el tradicional jirón de la Unión, en el centro de Lima.
El Pisco es un aguardiente elaborado a partir de la fermentación de los caldos frescos de los mostos de uva (jugo) cultivados en zonas muy concretas del Perú que poseen un microclima y unas condiciones medio-ambientales únicas en el mundo para el sembrío de viñedos.
La calidad y aroma, cuerpo y bouquet del Pisco son excepcionales y únicos. Para elaborar un litro se requiere más de siete kilos de uva, por eso no puede producirse en grandes cantidades.
Las áreas geográficas reconocidas oficialmente como productoras de Pisco son los departamentos de Lima, Ica, Arequipa, Moquegua, y los valles de Locumba, Sama y Caplina, en Tacna. También se produce en la Libertad, pero no se le puede ese nombre pese a su tal calidad, debido a la ley de de la denominación de origen.
En julio del 2005 el pisco fue reconocido como un producto exclusivamente peruano por la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (Ompi) de las Naciones Unidas; por eso con mucho orgullo tenemos que decir, ¡Salud!, con todos.

A TRAVÉS DE LA HISTORIA
La destilación de Pisco no existió hasta la llegada de los españoles, quienes introdujeron cepas de uva moscatel traídas de España. Los cronistas Guamán Poma de Ayala, Pedro Sarmiento de Gamboa, fray Martín de Murúa, Bernabé Cobo y Pedro Cieza de León acreditan la existencia de este referente geográfico desde inicios de la Colonia, destacando, además, el cultivo de la vid, así como la elaboración de vinos y aguardiente. Miguel Cabello de Balboa, en sus Misceláneas Antárticas, escritas en 1586, menciona expresamente valles de Ica, Humay y Pisco.
La historia del Pisco se conjuga con el mestizaje que enriquece nuestra cultura y todos la reconocemos como parte de nuestra identidad nacional dentro y fuera de las fronteras del Perú.
En el siglo XVI llegó la uva desde las Islas Canarias, traída por el Marqués Francisco de Caravantes. Los cronistas sostienen que en la hacienda Marcahuasi (Cusco) se produjo la primera vinificación en Sudamérica. Y que Mateo Atiquipa fue el primer enólogo americano.
Pero fue en Ica que esos cultivos se expandieron debido a las propicias condiciones climáticas, dando lugar al desarrollo de una gran industria de vinos. Gracias a la enorme producción de vid se exportó el vino a España durante el virreinato, lo que motivó que en 1614 Felipe II prohibiera ese comercio para evitar una peligrosa competencia en perjuicio de los comerciantes peninsulares.
A raíz de ello, los monjes hacendados costeños intensificaron la producción del aguardiente de uva peruano, convirtiéndola en una bebida popular por sus características muy propias, sobre todo entre los viajeros de la región. Hasta que en 1574 se le empieza a denominar pisco, en alusión a un río, un pueblo y puerto, el mismo que rápidamente gana prestigio y sus volúmenes de exportación crecieron significativamente.

Empresarios interesados en salvar El Cañoncillo

Por: Guido Sánchez Santur

Nos lleva la delantera, y camina a trancos largos y dando saltos para no espinarse, mientras nos comenta cada detalle o anécdota que conoce o que experimentó en este ecosistema que considera parte de su vida. Quiere que lo sepamos todo, lo bueno y lo malo, porque aún guarda las esperanzas vivas de que alguien se interesará en salvar del olvido el esplendoroso bosque El Cañoncillo. No puede ser de otra manera, hace 40 años, aún joven, Ricardo Sánchez de la Cruz, llegó a Tecapa y se quedó definitivamente.
Ahora es uno de los 10 guardaparques que sobreviven a la indiferencia y que de vez en cuando se dan una vuelta por el bosque, ya no con el afán de cuidarlo sino para constatar cuántos nuevos algarrobos yacen tendidos en el arenal secándose al sol para luego ser cortados en trozos de leña; o verificar cuántos diminutos troncos quedan como mudos testigos de que ahí hubo un grueso árbol. Esto es cosa de todos los días.
Este panorama se desnudaba a nuestros ojos, a medida que nos internábamos en este imponente bosque que, paradójicamente, está categorizada como Área Natural de Conservación Privada. Los taladores no reparan si el árbol es maduro o joven, si es grueso o delgado; sólo les interesa conseguir la mayor cantidad de cargas de leña para venderlas a las panaderías de San Pedro de Lloc y Pacasmayo, o a las pollerías, en forma de carbón.
Ricardo Sánchez, esta vez, fue el guía de los empresarios invitados a recorrer el bosque con el propósito de buscar una alternativa al grave peligro que atraviesa el bosque. El es consciente que la depredación conlleva a la extinción de algunas especies de aves, pese a lo cual todavía observamos el pájaro carpintero, gorrión, ruiseñor, martín pescador, chilalo, putillas, patillos, patos y otros. El chilalo es muy singular por sus nidos de barro con compartimentos que construye en la copa de los árboles.
Recuerda que el 2003 la depredación se controló, gracias a que los guardabosques estaban organizados y recorrían el área natural permanentemente, en coordinación con la Policía Ecológica y otras autoridades. En esa época se decomisaba la leña, las acémilas y las hachas de los taladores. Como testimonio de esas acciones, en el pueblo de Tecapa, se guardan decenas de hachas codificadas.
Lamentablemente al cambiar la junta directiva de la Cooperativa Agraria de Usuarios de Tecapa los guardabosques se redujeron en cantidad y se descuidó la protección, desde entonces los taladores actúan a sus anchas.
“Urge que las autoridades pongan empeño y detengan la depredación, de lo contrario este hermoso bosque desaparecerá, junto a sus lagunas, como ocurrió con el bosque San José de Moro (Chepén), que ahora sólo es historia”, comenta Ricardo Sánchez.
También le preocupa la gran cantidad de basura que dejan algunos visitantes (envolturas de galletas, caramelos, botellas descartables y bolsas plásticas); por ello, esporádicamente los guardabosques hacen jornadas de limpieza.
Asimismo, Luis Felipe Carcelén Romero, autor de un estudio en torno a esta área natural, sostiene que en 1986 habían 660 hectáreas de algarrobos, y ahora sólo quedan 360 a causa de la tala indiscriminada; pero precisa que el área protegida tiene una extensión de mil 310.90 hectáreas, incluidos los espacios desertificados.
Añade que además del algarrobo, también hay Faique ó Espino (acacia macracantha): Cuncuno, Chilco, Pájaro bobo, Fosforito, Amarra de judío, Flor de arena, Gigantón, Rabo de zorro, Sapote, Yunto, Bichayo, Bejuco, Lapa, Hinea y Pial.
“HAY QUE HACER ALGO”
En el grupo de empresarios que se adentraron en este bosque estuvieron Dragui Nestorovic y Álvaro del Río Alegría, Luis Oliveri Polo, Roberto Ramírez Otárola, Alfonso Medrano Samamé; así como el director del diario La Industria de Trujillo, Ernesto Barreda Arias (la mayoría miembros del Patronato de Trujillo), quienes no dejaban se sorprenderse a medida que se adentraban en el bosque, pero la sensación más intensa la experimentaron al avistar la cristalina laguna Gallinazo, rodeada de algas, y donde se reflejan y sacian su sed las reses, mulas, caballos y ganado caprino que se alimentan del fruto del algarrobo.
O cuando cruzamos debajo de las sonoras redes de alta tensión, cuyas torres se levantan sobre restos arqueológicos, testimoniados en paredes que se mantienen en pie, pese a la inclemencia de la naturaleza, el paso del tiempo y los huaqueros.
“El Cañoncillo es una reserva extraordinaria que lamentablemente está ignorada por falta de interés de todos los responsables. Es un lujo no solo para el norte, sino de todo el país tener ese bosque de algarrobos”, sostiene Alfonso Medrano Samamé, gerente de Molinos La Perla.
Añade que para el patronato de Trujillo es un reto sensibilizar a las autoridades involucradas en este problema para unir esfuerzos a favor de este recurso natural.
“Con un poco imaginación y creatividad, y sin tanto gasto podemos hacer mucho por la preservación de este bosque extraordinario, que es un gran pulmón para la región. Cuántos países quisieran tenerlo. Se ha dicho mucho de lo que tiene El Cañoncillo, pero hay que verlo, pasearlo y caminarlo para apreciar sus bondades. Realmente es un paraíso, pese a lo cual lo tenemos tan venido a menos”, enfatiza.
Sugiere que la prioridad es evitar la tala indiscriminada, la señalización y luego, aprovecharlo turísticamente, a fin de mostrar la flora y fauna que alberga. “Es un reto no sólo de la población, sino también de las instituciones y universidades preservarlo y ponerlo en valor, con la participación de las autoridades de Pacasmayo, regionales y el Ministerio del Ambiente”, acotó.
“ES UNA MARAVILLA”
A su vez, Álvaro del Río Alegría, sostiene que “es espectacular la riqueza de esta área natural, pero llama enormemente la atención el deterioro en que se encuentra. Esto nos lleva a la conclusión que debemos protegerlo con urgencia por ser una maravilla de La Libertad y el país, a la que es fácil acceder por su cercanía a las vías de comunicación. Hay que hacer algo, nosotros como Patronato de Trujillo, en corto plazo haremos una serie de coordinaciones con autoridades y personas del sector privado para recuperar lo que se ha perdido y conservarlo”.
Entretanto, Dragui Nestorovic Razzeto (Embutidos Razzeto), asegura que “después de visitarlo nos quedan sentimientos encontrados porque de un lado apreciamos que es una maravilla, y de otro, indigna verlo como lo están depredando. Así como va, dentro de dos o tres años no tendremos bosque. Hay un letrero en el que se lee que se trata de una reserva, pero no sabemos quién es el encargado de protegerla. El Inrena redacta un documento y cree que ahí terminó su trabajo”.
Sugiere que frente a ello urge organizarse y analizar lo que se debe hacer, “pero definitivamente es un llamado de atención a las autoridades para que asuman su responsabilidad de cuidarlo. Aquí cualquiera hace lo que quiere y nadie pone orden”.
En su opinión, es preciso delimitarlo y establecer un sistema de protección, cuya tarea directa corresponde a la Policía Ecológica, que debería instalar un puesto de control. Posteriormente es conveniente comenzar a reforestar.
“Estos son los primeros pasos que se deben dar, y luego asegurar la sustentabilidad, generando recursos a fin de que el cuidado del bosque sea rentable para la población local. El patronato aquí tiene una oportunidad nuevamente de hacer algo bueno a favor de la colectividad”, puntualiza.
Luis Oliveri Polo (Banco de Crédito) destaca que El Cañoncillo es la última reserva natural de algarrobos de La Libertad, que disminuyó su extensión en menos del 50 por ciento debido a la tala indiscriminada.
“Dentro del santuario vemos restos arqueológicos de las culturas Cupisnique, Gallinazo, Mochica y Chimu saqueados y en pésimas condiciones; inclusive basurales generados por la comunidad y  los visitantes”, advierte.
En tal sentido, sugiere que las autoridades locales, el Instituto Nacional de Cultura (INC) y la comunidad sean conscientes del tesoro que tienen cerca y se conviertan en protectores directos.
“Tenemos mucho trabajo por delante, especialmente en la protección, reforestación y repoblamiento de la fauna para que El Cañoncillo se convierta en una unidad de negocios turísticos, cuyos servicios permitan su autosostenibilidad. De nosotros depende que perdure en el tiempo y sea admirado por las generaciones futuras”, manifiesta.
Esta es la sorpresa ante el evidente arboricidio que está penado, según el Código del Ambiente; pero el reto mayor está pendiente: echar a andar la rueda de los esfuerzos individuales, empresariales e institucionales, con el único objetivo de salvar una de las más importantes áreas naturales de la costa liberteña. El compromiso está hecho, hay que concretarlo.
MAS DATOS
El presidente en ejercicio de la Cooperativa Agraria de Usuarios de Tecapa es Armando Ventura Reyes, quien representa a 170 socios, propietarios del bosque El Cañoncillo. La mayoría de ellos son ancianos y no pueden cumplir labores de vigilancia. Los que pocos guardabosques capacitados no concurren porque tienen otras ocupaciones para su subsistencia. Ricardo Sánchez dice que lo hace con regularidad  porque también guía a algunos visitantes, que le dejan un promedio de 15 soles diarios.

El Cañoncillo, algarrobal en peligro

Por: Guido Sánchez Santur

Es uno de los pocos bosques secos que quedan en La Libertad y que está asociado la historia, ya que en su interior hubo varios asentamientos humanos, cuyas evidencias se aprecian en las construcciones que aún se mantienen en pie; sin embargo, a pesar de la importancia del algarrobal El Cañoncillo está a punto de desaparecer a causa de la tala indiscriminada, sin casi nadie se interese en impedirlo.
Un reciente diagnóstico determinó que diariamente se extraen un promedio de 1.3 metros cúbicos de madera, lo cual implica que de 1000 hectáreas de bosque existentes hasta 1986, sólo queden 660.
Este dato resulta increíble si tenemos en cuenta que se trata del área de Conservación Privada Bosque Natural El Cañoncillo, cuyas poblaciones colindantes desde épocas ancestrales dependen de la influencia directa del algarrobal, como una fuente de protección, energía, forraje y alimento por la disponibilidad de los productos forestales maderables y no maderables y de los servicios ambientales que les brinda.
En este ecosistema predominan los algarrobos (Prosopis pallida), en una densidad estimada de 70 a 95 árboles por hectárea, en una extensión de 660 hectáreas, seguido del Faique ó Espino (Acacia macracantha). Otras especies vegetales que encontramos son: Cuncuno, Chilco, Pájaro bobo, Fosforito, Amarra de judío, Flor de arena, Gigantón, Rabo de zorro, Sapote, Yunto, Bichayo, Bejuco, Lapa, Hinea y Pial.
En las lagunas El Cañoncillo, Gallinazo y Larga florece una vegetación acuática muy llamativa, entre la que predomina la Lapa y otras ornamentales; aún cuando existen 8 especies aún no determinadas. El agua proviene de las filtraciones que bajan por gravedad desde la cuenca alta del río Jequetepeque y de la quebrada del Horcón. A ellas se agregan los regadíos de la represa Gallito Ciego.
Respecto a la fauna se conoce la presencia de 8 familias de reptiles con 15 especies determinadas y otras por identificar, entre las que se impone el mítico Cañán, junto al zancaranca, coralillo o coral, lagartija, iguana, corredora y boa de costa.

Además, 8 familias de aves con más de 44 especies, aunque no existe un estudio exhaustivo. Las más conocidas son: pato, picaflor del huabo, picaflor de Fanny, garzas blanca grande, chica y azul, huaquillo, huaco, tortolita, cotorrita pico amarillo, paloma vudú, tortola cordillerana, cucula, paloma cuculí, paloma madrugadora, rabiblanca, martín pescador grande, matraca, martín pescador chico, cachuelero, chiclón, guardacaballos, huerequeque, águila, gallinazo cabeza negra y cabeza roja, cernícalo, águila pescadora, gallareta, pico de oro lomero, pico grueso, pico sucio, pepitero, pechirrayadi, arrocero, chirique de Raimondi, gorrión peruano, chilala, hornero, pijui, pampero, golondrina, tordo, tordo parásito, jergón, pirinche, putilla, abejero, zambullidor, tuco, pachatuco, lechuza, búho, carpintero, chisco.
Asimismo, tres familias de mamíferos con 3 especies propias de los bosques secos (zorro, añas, gato montés, hurón, ratón y vizcacha costera).
El paisaje es único con sus lagunas que simulan un oasis, desierto, dunas de arena variable en el tiempo debido a la acción eólica. Las formaciones rocosas y cerros: Santonte, Prieto, Espinal, La Faja y Cañoncillo encierran al bosque y le imprimen un atractivo especial.
Las poblaciones que rodean al bosque son Tecapa, Santonte, Santa María, Pueblo Nuevo y Portada de la Sierra que suman un total de y 4 mil 200 habitantes, entre los que se formó la Asociación de Guardabosques Voluntarios del Bosque y Complejo Arqueológico El Cañoncillo, responsables del cuidado de las especies de flora y fauna silvestres existentes, especialmente el algarrobo.
Este bosque forma parte de lo que desde el siglo XIX fue la Hacienda Tecapa, pero ahora es propiedad de los agricultores agrupados en una cooperativa. Dentro del área se recolecta algarroba y se extrae leña con fines energéticos para comercialización en panaderías, pollerías o chicherías o con fines de autoconsumo. Así como actividades de pastoreo de algarroba y apicultura convencional y orgánica.
La agricultura se ha convertido en una actividad de subsistencia cuyas ganancias son insuficientes y en algunas campañas se convierten en pérdidas, por eso, la alternativa de desarrollo para estas poblaciones está relacionada con la actividad ecoturística en el bosque y el uso adecuado de los recursos no maderables que este provee.
El flujo turístico generará una serie de posibilidades económicas como albergue en las poblaciones aledañas, servicios de guiado turístico, venta de souvenirs y alimentos, etc.

AMENAZAS PERENNES
El bosque va camino a desaparecer a causa de la persistente tala indiscriminada, la caza furtiva de especies de fauna silvestre, el ingreso desordenado de turistas, deterioro de las comunidades de flora a causa de la ganadería extensiva, extensión de la frontera agrícola en áreas de bosque, presencia de pastoreo de ganado caprino, contaminación orgánica de lagunas a causa del ganado y por residuos sólidos, deterioro del patrimonio histórico cultural por huaqueros y debilitamiento de las organizaciones sociales involucradas directamente con el área protegida.
Todo esto debido a algunas debilidades dentro de la administración y manejo del bosque y en la disponibilidad de recursos económicos para sostener una administración y protección.
Esto responde al inadecuado manejo del ganado vacuno dentro del bosque, poco control de las actividades de pastoreo y uso turístico y recreativo, restos arqueológicos que no han sido puestos en valor, insuficiente cultura conservacionista en las poblaciones aledañas, escasez de alternativas económicas rentables en la población, limitada participación de la Policía en apoyo a la protección del área y ausencia de adecuados sistemas de seguridad ciudadana.
A ello se suma la captura de cañanes que se utilizan en la elaboración de una serie de platos típicos. Se trata de una especie que se encuentra en peligro de extinción.
La pesca se practica con algunas especies silvestres o introducidas en las 4.82 hectáreas de lagunas asociadas a la diversidad de flora, como la hinea que en cantidades controladas contribuye a la calidad del agua, ya que actúa como un purificador. Este vegetal también se extrae a fin de usarlo en la elaboración de petates o para formar los atados de plántulas de arroz durante el trasplante.
RESTOS ARQUEOLOGICOS
En el bosque Cañoncillo existen sitios arqueológicos e históricos prehispánicos de la cultura Cupisnique, Gallinazo, Mochica, Chimú e Inca y que constituyen testigos de la equilibrada relación hombre–naturaleza.
Las primeras investigaciones arqueológicas en El Cañoncillo estuvieron a cargo de los arqueólogos Heinrich Ubbelohde-Doering y los esposos Wolfgang y Giesela Hecker, entre 1960 y 1965, quienes determinaron que estas civilizaciones habitaron el bosque entre los años 8,500 antes de Cristo hasta el 80 después de Cristo.
En 1983 los arqueólogos Rogger Ravines y Alejandro Matos ingresaron al bosque para hacer un inventario de restos arqueológicos; y en 1986 llegó el investigador Fruhe K., quien interpretó la cerámica temprana del valle Jequetepeque en el norte del Perú.
ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN
Este mosaico de adversidades que afronta el bosque tiene varias alternativas de solución. En la medida que la deficiente situación económica de las familias residentes en el contorno del área protegida es una realidad innegable, es posible promover la apicultura con la finalidad de aprovechar racional y adecuadamente la producción de néctar y polen de la flora silvestre, que son utilizados por las abejas para transformarlos en miel, cera, polen y propóleos. Estos productos naturales son de gran valor nutritivo y terapéutico para el consumo humano directo y en la industria cosmética y farmacéutica.
También tiene importancia en la conservación del ambiente, ya que las abejas son los mejores agentes polinizadores de la flora garantizando la fecundación y mejorando la producción de frutos y semillas. Sin la intervención de las abejas, se produciría una degradación de la cubierta vegetal, con lo cual se aceleraría la desertificación de esta zona.
Como ya se dijo líneas arriba, el turismo es otra de las aristas que ya se practica en este bosque, pero de manera desordenada. Una de las modalidades de esta actividad sería el turismo aventura que implica un alto grado de contacto con la naturaleza y cierto grado de riesgo, ya sea navegando, volando o recorriendo, aunque las medidas de seguridad lo reducen a su mínima expresión. Las posibilidades son: caminatas, escalada en roca, sandboard o deslizamiento sobre arena.
El ecoturismo es una alternativa adicional y consiste en que los visitantes establezcan un contacto con la naturaleza, cuyos gastos benefician a económicamente a las comunidades.
El ecoturismo va de la mano con la conservación, la educación y la responsabilidad del visitante y la participación de los lugareños. Para evitar el impacto negativo, urge la planificación de esta actividad, en aras de logar un desarrollo sostenido.
ACCESO FÁCIL
Este bosque está ubicado en el distrito San José, en la provincia de Pacasmayo, en la parte baja del valle de Jequetepeque y abarca un territorio de mil 310.90 hectáreas con una longitud total de 19 mil 240 metros.
El acceso es utilizando la carretera Panamericana Norte, hasta el cruce de San José, a la altura del kilómetro 680, próximo al puente Libertad sobre el río Jequetepeque. Ahí se aborda un colectivo hacia el centro poblado menor Tecapa, de donde, en compañía de un guía local se camina un aproximado de 15 minutos y se llega al lugar denominado El Sondo, por donde se ingresa al área protegida.
Otra forma, de llegar al bosque es abordar un colectivo, desde San José hacia el Asentamiento Humano Santonte, de donde se camina 80 minutos a través del desierto, siguiendo el trayecto de los restos arqueológicos, internándonos en por el sector Los Duros, hasta la laguna El Cañoncillo.

Malecón 2000, una ilusión frente al mar

Guido Sánchez Santur
sasagui35@gmail.com

Recorrer los 2,5 kilómetros de ese acondicionamiento urbanístico-turístico es una grata experiencia, no sólo por los diseños arquitectónicos, las tiendas, restaurantes, sino por la sensación y satisfacción que uno siente de saber caminando sobre un espacio recuperado del olvido y que se yergue como ejemplo para cualquier urbe latinoamericana.
El Malecón 2000 o Simón Bolívar se ha convertido en un pilar histórico de Guayaquil (Ecuador), ya que a partir éste monumento arquitectónico se expandió su crecimiento e influyó en el desarrollo y embellecimiento de la ciudad, lo cual se ha convertido en orgullo de los guayaquileños.
Este espacio es un paisaje singular y constituye el corazón de la ciudad, por eso nadie que visite Guayaquil puede dejar de visitarlo. El malecón está dividido en tres sectores, cada uno de ellos con una vista diferente, a través de los cuales los caminantes hallan posibilidades de recreación y esparcimiento para todos los gustos y edades.
Entre las áreas recuperadas y que son la admiración de los visitantes encontramos el Mercado Sur (durante 90 años funcionó como tal, data de 1907) o Palacio de Cristal, es transparente y luce una estructura de hierro forjado con estilo colonial. En su cara interior se aprecian paredes de vidrio que permiten ver la edificación como una enorme caja de cristal. A pocos metros se encuentran locales de artesanía ecuatoriana y el Club de la Unión fundado en 1869, el más antiguo de la ciudad.
Una vista especial presenta la Plaza Olmedo, donde destaca el monumento al poeta Joaquín Olmedo, primer alcalde de Guayaquil. Este es uno de los lugares más visitados por su explanada que acoge a todas las expresiones artísticas y culturales, así como la pileta de colores y una base alegórica.
Enseguida está el Centro Comercial Malecón, inspirado en temas náuticos y portuarios porque en el pasado aquí atracaban los barcos con los productos que llegaban y salían de la ciudad. Como una pintura abstracta, quienes miran la construcción tienen su propia interpretación de las formas. Los cuatro segmentos de esta construcción, en la fachada que da al mar, están diferenciados por colores (naranja en los extremos, rojo y verde en el centro) en tonos fuertes, similares a los de los barcos para que sean visibles en el mar. Por eso, desde el río parece que a ese lado del malecón han llegado cuatro grandes naves. Frente a cada puerta hay estructuras de hierro que semejan los mástiles de un barco. Eso nos remite a los dos tipos de velas instalados: unas con techos de lona colgadas con cables y otras ondulantes de hierro.
En el tercer nivel centro comercial está la terraza y el patio de comidas con restaurantes. Este es otro de los sitios muy concurridos, pues se disfruta comida rápida y platos típicos de la gastronomía ecuatoriana, mientras se observa el discurrir del río y la isla Santay, una de las reservas ecológicas de la ciudad.
La Plaza Cívica en torno al tradicional monumento de La Rotonda, que recuerda la entrevista que sostuvieron los libertadores Simón Bolívar y José de San Martín, junto a la galería de los Guayaquileños Ilustres. Fue inaugurada el 9 de octubre de 1999 y está dedicada a las expresiones cívicas más importantes de la ciudad, pues ahí permanecen otros monumentos como el Hemiciclo de la Rotonda, una columna de mármol blanco de carrara e iluminada interiormente, placas de batallas independentistas, etc. Los bronces fueron modelados y vaciados en Barcelona (España) y los relieves de las placas fundidos en Florencia (Italia), en 1937.
La Torre del Reloj o Morisca, inaugurada el 24 de mayo de 1931, es de estilo árabe bizantino, con policromados, cúpula de escamas color verde, planta octogonal y una altura de 23 metros. Está ubicada entre las calles Malecón y 10 de Agosto, frente al municipio de la ciudad. El obelisco es otro monumento que se encuentra semisumergido y da la impresión de estar en una fosa. Destaca la aurora gloriosa al 9 de Octubre de inspiración de José de Olmedo. Los colores son los mismos usados en la bandera de Guayaquil.
Otro escenario destacable es el área de juegos con la Plaza del Vagón, donde admiramos la réplica de un vagón de ferrocarril habilitado como espacio de exposiciones, al cual de accede a través de un andén de espera con una pérgola. Este lugar posee lugares de descanso y sombra. Tambien hay juegos para niños, una pista de patinaje; además de cafeterías, comidas y servicios higiénicos. Al centro hay una pileta de hierro fundido con juegos de luces de colores. Esto se complementa con una jardinería colorida, parqueos, plazas y el Museo de Guayaquil. Realmente un mosaico que atrae a miles de turistas.
BARRIO LAS PEÑAS
Se le conoce como el barrio más importante de Guayaquil, pues sus casas tienen una antigüedad promedio de 100 años con características arquitectónicas que se remontan a los siglos XVIII y XIX, en lo cual radica su belleza y valor patrimonial.
Cada casa tiene su propia historia, ya que aquí vivieron personajes ilustres de la política y la cultura ecuatoriana, entre ellos Ernesto Che Guevara. En el siglo XVIII fue un barrio de clase media, pero el incendio de 1896 arrasó con todo, por eso en el siglo XX fue reconstruida su arquitectura original.
A la fecha este lugar destaca pro estilo arquitectónico particular, como la calle Numa Pompilo Llona y las casas junto al río que lo convierten en un llamativo y nostálgico escenario de reuniones amicales.
CERRO SANTA ANA
Muy próximo está el cerro Santa Ana, al noreste de la ciudad, junto al río Guayas. Abarca una superficie de 13,5 hectáreas en las que se desarrolló un proceso de regeneración urbana para beneficiar a su población.
Antiguamente se le llamó Cerro Verde y es el sitio donde se originó la ciudad y se fundó definitivamente en 1547. Ahí encontramos restaurantes, cafés, galerías de arte y tiendas de artesanía.
Su más importante atractivo es la vista de la ciudad de Guayaquil desde la parte alta, a donde se llega luego de subir 444 escalones numerados, a cuyo paso visitamos la plaza mirador El Fortín, el punto más elevado donde están el faro, la Plaza de Honores, el Museo Abierto, capilla de Santa Ana y el cuartel que vigila la Plaza.