Restauran casona para un Centro Cultural


Guido Sánchez Santur
Después de seis meses, terminó la restauración de la casona donde funcionará el Centro Cultural Víctor Raúl Haya de la Torre, ubicada en la quinta cuadra del jirón Orbegoso, en Trujillo. La obra demandó una inversión aproximada de un millón y medio de soles.
El restaurador Ricardo Morales Gamarra, responsable de este proyecto, expresó su satisfacción porque estos trabajos permitieron reafirmar los valores de las casas Republicanas que fueron menores; es decir,que no llegaron tener grandes dimensiones como la Iturregui o el Centro Viejo.
Precisó que se encontró, como algo atípico en este tipo de construcciones, un segundo corredor que une el salón principal con el comedor, y eso no lo tienen otras casas de la misma época. El otro va del patio principal hasta la huerta.
Asimismo, hay un viejo albañal que alimentaba con agua del río Moche las huertas de las casas. Este recurso venía, a través del canal La Mochica, hasta la atarjea ubicada en la plazuela Recreo y de ahí se redistribuía a la ciudad.
“Es interesante haber encontrado estos canales del siglo XVII o XVIII que no corresponden a la arquitectura del XIX en el que se enmarca la casona”, precisó.
Puso de relieve la charola ubicada en el techo, una estructura tallada en madera y de las que en Trujillo sólo hay dos; la otra se aprecia, en estado de avanzado deterioro, en la casona Guimaraes (cuarta cuadra de la calle Gamarra).
De la misma manera, indicó que los murales rescatados corresponden al periodo romanticista del último tercio del siglo XIX, lo cual demuestra que la arquitectura civil y religiosa de Trujillo fue completamente policromada, muy rica en decoraciones, como esos temas rurales, similares a los que alberga la Casa Hoyle, Ganoza Temple y otras.
“Esto nos da una clara idea que detrás de los viejos enlucidos hay mucho por descubrir. El mural se debe ver no como un estorbo,sino como la piel de la arquitectura. Eso demuestra el interés que tuvo el trujillano del siglo XVI hasta mediados del XX por mantener sus viviendas ricamente decoradas, pero sin mayores costos”, enfatizó, al recordar que uno de los últimos muralista fue Manuel Márquez, quien pintó la mayoría de iglesias de esta ciudad.
“En esta casa se hizo un trabajo de restauración ajustado a todas las normas. Fue necesario consolidar las estructuras, es decir que los muros fueron calzados y se reforzó las puertas y ventanas”, comentó.
• VARIOS AMBIENTES
Gamarra Morales detalló que en la parte lateral derecha hay cinco ambientes destinados a exposiciones permanentes relacionadas con Víctor Raúl Haya de la Torre, con especial énfasis en el movimiento Grupo Norte; es decir que se destacará la parte intelectual antes que la política.
En una sala ubicada en el ingreso del local habrá una biblioteca con abundante documentación histórica y libros de la editorial del Congreso de la República. Otro espacio estará destinado a la venta de libros y souvenirs.
Mientras que el altillo o mezanine será usado para oficinas; y la parte central de la casa (cuatro ambientes) se destinará a exposiciones temporales.
Una primera sala acogerá las obras del pintor trujillano Macedonio La Torre, miembro del Grupo Norte; en el segundo, se exhibirán las pinturas de otro artista liberteño, Gerardo Chávez; y en el último ambiente se destacará la importancia del agua como el bien más importante, después de lo espiritual, ahí está canal recién descubierto, y que se acompañará con planos y mapas. El patio quedará libre.
En lo que fue la huerta también se recuperó un pozo de 7 metros de profundidad. En este ambiente se acondicionarán los servicios higiénicos y al fondo se construirá una sala de congresos y conferencias.
Morales Gamarra manifestó su satisfacción por este esfuerzo del Gobierno porque la última casa restaurada totalmente fue la Garci Holguín, en el 2000. Desde entonces la Casa Haya de la Torre es la primera que se recupera íntegramente, a iniciativa del congresista Luis Alva Castro, quien lideró las gestiones ante las diversas instancias gubernamentales.
Alva castro también fue el impulsor de la ‘Llegó la Hora de Trujillo’ (1987-1990), programa que permitió recuperar las iglesias Belén, Huamán, Santa Rosa, el Museo Catedralicio, la Catedral, El Carmen, el monasterio El Carmen, la Casa del Mariscal Orbegoso, la Casa Risco (Museo Arqueológico), entre otras.

La grandeza del Valle El Cumbe

Guido Sánchez Santur
sasagui35@gmail.com

A 20 kilómetros de la ciudad de Cajamarca, entre escarpados cerros y un iluminado paisaje se halla el valle del Cumbe. Una explanada en la altura, donde la lluvia y el viento se encargaron de esculpir y pulir en la roca enigmáticas figuras antropomorfas. Ahí mismo, el hombre andino, hace tres mil años, cultivó sin cesar las tierras, entre el canto y la danza, adorando al apu para que le favorezca con abundantes cosechas.
El indio de broncínea piel, reseca por el helado frío de las alturas, no se amilanó ante la complicada geografía, y con su fortaleza la dominó y la puso a su disposición. Mientras haya inteligencia humana el mundo seguirá cambiando y creciendo. Así lo registra la historia.
El ingenio y la creatividad de los antiguos caxamarcas los llevó a labrar la roca y abrir un largo canal para regar los campos. Hasta la fecha los investigadores no se explican los conocimientos que tuvo esta cultura para ejecutar obras de esta naturaleza.
 El arqueólogo Julio César Tello la calificó como una obra maestra de la ingeniería hidráulica, única en su género en América, que conjuga la destreza, inteligencia y la matemática.
El complejo arqueológico está compuesto por tres grupos monumentales que han supervivido al tiempo. Es acueducto de Cumbemayo es un canal abierto en la roca volcánica en épocas  preincas, con una perfección admirable, a 3,400 metros sobre el nivel del mar.
Destacan sus ángulos rectos, curvas, arcos, túneles, hasta desniveles que complementan la naturaleza y se abren paso por debajo de grandes rocas, regando los campos de trigo, cebada, olluco y papa. Previamente captan las aguas que fluyen de la vertiente del Pacífico hacia el Atlántico, pues se halla justo en el divortium aquarum.
En el santuario hay una roca o farallón con apariencia de cabeza humana gigantesca, en cuyas paredes están esculpidas, en bajo relieve, figuras y motivos confusos y sugestivos. Se dice que estas líneas representan el plano de lo que sería el canal. Lamentablemente estudiantes irresponsables que llegan en sus viajes promocionales las rayan y manchan, deteriorando su forma original.
Las cuevas se convierten en abrigos, y sus paredes están adornadas con petroglifos grabados con motivos felinos y antropomorfos, poco inteligibles, al que se suma la formación rocosa denominada Los Frailones.
Las formaciones geológicas o bosque de piedras abarcan una gran extensión de enormes farallones con diversas y caprichosas figuras, siendo las más conocidas las que semejan siluetas de frailes en silenciosa procesión.
• TRES DIAS SON POCO
Este recorrido se hace en mediodía. Hay otros atractivos de similar o mayor importancia, depende de cómo usted lo mire. Desde paseos a la iluminada y calurosa campiña de Cajamarca, donde los campos verdes se confunden con las amarillentas sementeras de trigo y cebada, en los violáceos atardeceres. Ahí pastan las vacas lecheras, orgullo de los cajamarquinos; o las ovejas vigiladas por dulces jovencitas, de coloridos vestidos.
En la tarde es posible visitar la ex hacienda La Collpa, singular porque las vacas en las tardes son llamadas cada una por su nombre para ser ordeñadas. Al escuchar su nombre salen del corral y se colocan en el ordeñadero, a la espera del obrero que les succionará la leche.
¿Y por qué Collpa? Una teoría dice que ese nombre se tomó de un mineral utilizado para fijar los colores, disuelto es como una resina.
Ese mismo itinerario nos lleva a Llacanora, histórico pueblo que se caracteriza porque a lo largo del año presenta un panorama verde y floreado, gracias a su especial microclima. En sus alrededores están las famosas cuevas que albergan extrañas pinturas rupestres, expresión de la actividad rutinaria del antiguo caxamarquino.
El río Cajamarca, en épocas de invierno forma impresionantes cataratas que no tienen nada que envidiar a las que hay en la selva. Más aún, es posible practicar el canotaje en las caudalosas aguas que se desplazan con fuerza en la pendiente de su cauce.
Otra ruta es la que nos lleva a las ventanillas de Otuzco, viejas tumbas que utilizó la civilización Caxamarca y que ahora aparecen como mudos testigos del grado cultural que alcanzaron sus hombres.
El city tour es infalible, podemos conocer la arquitectura colonial: iglesia Belén, conjunto arquitectónico del siglo XVIII, a una cuadra de la Plaza de Armas, construida sobre terrenos de los caciques. Ha sido tallada en piedra con torres inconclusas; iglesia San Francisco, del siglo XVIII, tiene tres naves, hecha de piedra y cantería, posee un museo de arte religioso, pinacoteca y catacumbas debajo del altar mayor.
La catedral, en plena Plaza de Armas del siglo XVII, su estilo es barroco tallada en piedra volcánica; la Recoleta, iglesia y ex convento de la congregación franciscana, del siglo XVIII, considerado uno de los mejores en su género. Además de apreciar innumerable casonas que pueblan Cajamarca.
Después de recorrer el centro histórico, la ruta obligada es hacia el cerro Santa Apolonia, en cuya cima se ubican escalinatas y las famosas piedras talladas, donde los antiguos caxamarcas hacían los sacrificios a sus dioses.
Alguna vez nos hemos tomado una foto en la denominada “silla del inca”, pero ¿sabía usted que no pertenece a esta época histórica sino a una civilización anterior? El único resto inca evidente en Cajamarca es el Cuarto del Rescate, donde Atahualpa almacenó oro y plata para canjearlos por su libertad cuando estaba en manos de Francisco Pizarro, tras el inicio de la conquista.

Punkurí o el Santuario del Puma en Ancash

Imponente arquitectura de los moches
Guido Sánchez Santur
Las antiguas civilizaciones de la costa peruana siempre buscaron las tierras fértiles e irrigadas por caudalosos ríos para levantar sus templos y ciudades. No fueron la excepción los pobladores del valle bañado por el río Nepeña que, hace 4.000 años, edificaron el esplendoroso Santuario de Punkurí.
Se trata de una construcción piramidal escalonada de adobe, con un área aproximada de 3.000 metros cuadrados y 8 metros de altura. Los muros son anchos, enlucidos, cubiertos con pintura mural y adornados con dibujos en alto o bajo relieve. Tiene dos plataformas que se comunican mediante escalinatas, con orientación hacia el norte.
Nos llaman la atención especialmente las columnas cilíndricas polícromas con diversas decoraciones, las mismas que sostenían el techo. Pero el principal atractivo es la escultura de un enorme puma reposando, que está colocado en las primeras gradas de la escalinata.
A consecuencia del paso del tiempo está descolorida y algo deteriorada, pero se puede apreciar en su verdadera dimensión a través de una réplica que instalada en el centro de visitantes.
También se aprecia, en bajo relieve, la figura de una cabeza humana sobre un fondo azul, que se trataría de una ofrenda a los dioses para que la tierra produzca mejores frutos.
Su principal investigador, Lorenzo Samaniego Román, la considera waka o santuario, es decir que fue un lugar sagrado, construido por los primeros habitantes de la cultura Sechín. Hasta el momento, se le considera el templo de barro más antiguo de América prehispánica.
“La riqueza iconográfica con representación de dioses, el hombre, los animales, las plantas, etc. constituyen el universo ideológico de aquella sociedad que empezaba a dividirse en estratos sociales por la presencia de especialistas: constructores, pintores, escultores y chamanes (sacerdotes”, sostiene Samaniego Román.
Esta civilización destacó en la agricultura y en el comercio interregional, según se deduce de los elementos yungas, quechuas y selváticos encontrados en las excavaciones; así como marinos (spondillus y pututo).
• MUSEO Y JARDIN BOTANICO
En este monumento arqueológico se desarrolló una investigación arqueológica, en el marco del Proyecto Turístico Sur Pacífico que financió la empresa agroindustrial San Jacinto, en convenio con la Universidad del Santa, con la finalidad de recuperar el patrimonio cultural de la costa ancashina.
Con estos recursos se habilitó el Centro de Investigación y Exposición Cultural Arturo Jiménez Borja, donde se exhiben las piezas de cerámica, textiles y diversos objetos encontrados en las distintas excavaciones.
Asimismo, en concordancia con el paisaje, fue acondicionado un jardín botánico con 86 especies prehispánicas que fueron recuperadas (algodón, frijol, ají, camote, yuca, maguey, San Pedro, tara, sinamonos, etc.), las mismas que rodean al monumento.
Estos trabajos contribuyen a profundizar en la historia social de la costa ancashina, y poner en valor un nuevo atractivo arqueológico que complementa  este corredor turístico.
El nombre Punkurí deriva de las voces quechuas Pungu Chucu que significan puerta y casco. El historiador peruano Julio César Tello lo denominó Punkurí, pero los pobladores lo llaman Pungurí. Está situado a 30 kilómetros de Chimbote, en el distrito de Nepeña, provincia del Santa (Ancash).
Pero el valle Nepeña tiene mucho más, es muy rico en recursos arqueológicos y culturales que constituyen un circuito turístico completo, el mismo que permite  comprender el nivel de desarrollo alcanzado por las civilizaciones que se asentaron en esta región, y que antecedieron a Sechín, en Casma y a Chavín, en Huaraz.

La Ruta del Huayanay

Bordean las 5 de la mañana y el bus se detiene en la Plaza de Armas, después de 8 horas de viaje. Descendemos y el frío serrano nos abraza. Una mototaxi nos lleva hasta nuestra posada, una amplia casona, como muchas de las que existen en San Marcos (Cajamarca) que, por su elevada producción de variados cereales, se ha ganado el calificativo del Granero del Norte.

Dos horas después, Amparo Castañeda Abanto, nos sirve, en una extensa mesa, un desayuno típico de la sierra cajamarquina: caldo verde, paltas, torta de manteca con queso, mashca (harina de trigo, linaza y cebada tostados), pajuros sancochados (frejoles que miden hasta cinco centímetros, cada grano es diez veces más grande que un frejol común). Y para asentar un café, chocolate o filtrante, al gusto de los comensales.
Tras repetir un segundo caldo verde (o El Verde), Amparo me explica que se trata de un potaje antiquísimo y que los cajamarquinos residentes en otras ciudades del país o el extranjero, como un ritual, se reúnen periódicamente sólo para comer este potaje, circunstancia en la que se enteraran de todo lo que pasa en su tierra natal, de la cual siempre están pendientes.
Pero, ¿En qué consiste?
Para prepararlo se requiere paico, comino entero y ajo que, después de molerlo en un batán, se echa a la olla en la que se ha hervido la papa en trozos; también se le agrega algunos huevos.
Con este contundente y nutritivo desayuno, estamos listos para recorrer el Circuito Agroecoturístico Huayanay, que comprende 40 kilómetros, y se asciende desde los 2250 msnm (San Marcos) y hasta los 2650 msnm (Huamaní).
 En este trayecto compartimos las costumbres que albergan los caseríos Huayanay, Huamaní y el centro poblado Juquit. En cada lugar una familia de agricultores ecológicos se convierte en anfitriona y en guía de nosotros, y nos ofrece la comida que ellos preparan: sana, ecológica y fresca con productos que ellos mismo cultivan en sus parcelas, utilizando técnicas sostenibles.
Celestino Salirrosas Machuca explica que aprendió a preparar compost con el cual abona el suelo para obtener abundante cosecha de repollo, betarraga, cebolla, zanahoria, zapallo, papa, arracacha, caigua, choclo; así como ajo, pepino, rocoto, lechuga, culantro, manzanilla, hierba buena, toronjil, perejil, anís, entre otros que cultiva en su chacra y utiliza en su alimentación diaria.
LEYENDA Y TRADICIÓN
En Huayanay, a 8 kilómetros de San Marcos, nos recibe un grupo de devotas de la Virgen de la Natividad cuya fiesta se celebra el 7 y 8 de setiembre. En estas fechas retornan los huayanainos que viven en otras partes del país porque los festejos son literalmente “hasta morir”. Dicen que bebe mucho licor y se queman tantos castillos que en varias oportunidades se incendiaron viviendas con las chispas que cayeron, inclusive cierta vez hasta murió una persona intentando sofocar el fuego.
Es que hay razones para celebrar a lo grande: la Virgen es muy milagrosa y está impregnada de leyenda y tradición. Nadie recuerda cuando empezó esta devoción, pero todos saben que fue encontrada en la catarata de Huayanay, una hermosa caída de agua que se ha convertido en uno de los importantes atractivos de este circuito turístico.
Amparo Castañeda nos narra que “hace varios años en Huayanay vivía don Natividad, cuyas chacras estaban en la parte baja, y en el trayecto todas las mañanas encontraba a dos hermosas niñas que jugaban en una acequia, pero no eran de este lugar; entonces en una ocasión se acercó a preguntarles el nombre de su padre y donde vivía. Ellas solamente lo miraron y empezaron a caminar por el agua y se deslizaron por la catarata o pacchaj (lugar con una energía muy fuerte a donde era difícil ingresar, y los niños ni lo intentaban porque se asustaban y tenían que ser limpiados por el curandero, igual que los adultos de espíritu débil).
“Eso le preocupó  a don Natividad porque no podía bajar, y fue en busca de otros vecinos para rescatarlas en la parte baja de la cascada. Al llegar, no estaban, pero al mirar hacia arriba las vieron sentadas en unas piedras que sobresalen en la mitad de esa caída (ahora se les conoce como sillas de la virgen). “Como era necesario bajarlas, llamaron más gente y en esos momentos, las niñas se convirtieron en Vírgenes, luego las llevaron al pueblo”.
“Entre la algarabía, a las dos las denominaron Vírgenes de la Natividad, en honor a quien las encontró, y una quedó en Huayanay y la otra la trasladaron al distrito Chancay. A la primera le construyeron una capilla a 200 metros de la catarata, y lo curioso fue que todas las noches se regresaba, hasta que en un sueño le reveló a don Natividad que le haga su templo cerca al pacchaj y de ahí ya no se movió. Desde entonces le celebran su fiesta el 8 de setiembre”.
“Mientras que a la hermana, que está en Chancay, la festejan el 25 de diciembre. En esos años, durante sus festividades, los campesinos las encontraban por los caminos, convertidas en niña; es decir que se visitaban mutuamente para estar presente en sus celebraciones”.
Esta es una de las tantas leyendas que nos cuentan los campesinos mientras nos dirigimos a la catarata, siguiendo el empedrado y empinado camino que ellos mismos habilitaron para hacer más fácil el acceso a los visitantes. La satisfacción se completa con un baño en ese torrente, mientras en lo alto revoletean un sinnúmero de aves que anidan en este hábitat.

 
PROYECTO ECOTURÍSTICO

El Centro de Investigación, Documentación, Educación, Asesoramiento y Servicios (Ideas) tiene en marcha proyectos de agroecología, manejo de suelos, rescate y uso de la biodiversidad cultivada y silvestre, así como la recuperación de saberes tradicionales relacionados con la agricultura. Mientras que la Asociación ETC Andes, que integra el Programa BioAndes, financiado por la cooperación suiza, aborda temas de biodiversidad y culturas vivas.
Ambas organizaciones suscribieron un convenio para ejecutar el proyecto turístico en Shitamalca, como una forma de incentivar a los agricultores a que continúen con sus prácticas ecológicas y la conservación de biodiversidad, usando saberes tradicionales.
Esta iniciativa pretende implementar un Comité de Desarrollo Turístico de la Microcuenca Shitamalca, mejorar la gestión del turismo en el municipio de San Marcos, crear una guardia de vigilancia de los matorrales nativos, fortalecer el Comité de Administración del pacchaj Huayanay.
Asimismo, concretar un programa de capacitación para mejorar la calidad de los servicios turísticos rurales y de la ciudad de San Marcos, y la inserción de temas turísticos en el currículo escolar.
De la misma manera, habilitar un local para venta de artesanía y productos ecológicos, construcción de centros de recreación en los circuitos de esa microcuenca; así como las carreteras Patiñico-Trascorral y Patiñico-San Isidro. Además, acondicionar casas de hospedaje rural. Ello se complementa con actividades de promoción y la puesta en valor de los atractivos que abarcan los diversos circuitos.
Al respecto, Wilmer Castañeda Izquierdo, gerente de Desarrollo Económico de la Municipalidad de San Marcos, asegura que existe un interés en fomentar el turismo, aprovechando los variados recursos existentes; pero esto obliga a desarrollar un trabajo de planificación, habilitación de accesos y sensibilización a la población. En tal sentido, destacó el impulso del circuito de Shitamalca y Paucamarca.
Agregó que el 90 por ciento de la provincia de San Marcos cuenta con trochas, pero requieren mantenimiento. Esto debe ser aprovechado en la identificación de nuevos circuitos turísticos, en base a un plan de desarrollo.

Miles disfrutaron en carnaval de Conache


TRUJILLO, PERÚ. Cuando las agujas del reloj marcaban las 5:20 de la tarde y los más de 20 mil concurrentes al carnaval de Conache ya tenían dentro varias copas de chicha de jora cajamarquina o de refrescantes cervezas, se dio paso al recorrido de las reinas, bandas y comparsas que avanzaron lentamente, mientras la Policía Montada abría el sendero entre la multitud congregada, desde el mediodía en la Ramada Cajamarquina (Laredo).
Tras la Policía iban los Diablos de Paucamarca (San Marcos) que con su original baile desgarraban aplausos y vivas del público. Enseguida, apareció el carro que conducía a la Reina de Conache, Evelyn Guevara Arias, descendiente de cajamarquinos que a sus 15 años irradia una belleza sin par.
A continuación avanzó la comparsa de Cumbemayo que este año nuevamente se coronó como ganador absoluto del corso del carnaval cajamarquino. No está demás precisar que esta representación es la que más galardones ha ganado en aquél certamen.
Y bajo los acordes de la banda de músicos Mi Perú se desplazaba la esbelta Diany Chávarri Chávez, de 21 años de edad, estudiante del sétimo ciclo de Marketing en la Universidad Privada del Norte (UPN). Ella fue reina del carnaval de Cajamarca 2009 y reina de las Bodas de Oro del Barrio Cumbemayo.
De padres y abuelos cajamarquinos, sus estudios los comparte con el modelaje y el anfitrionaje; pero, no puede ocultar su orgullo de sentir que por sus venas corre sangre de una de las eminentes artistas internacionales: Ima Sumac, su tía abuela, de quien heredó no sólo el entusiasmo, sino también la belleza y el optimismo que lo transmite en su mirada.
Entre vivas, piropos y algarabía repartía besos volados la reina del carnaval de Cajamarca 2010, Karla Chávez Guzmán, de tan sólo 17 años, quien estudia Negocios en la UPN y aspira a convertirse en la próxima Miss Mundo.
Después de despertar las pasiones en el público, el espectáculo se concentró en el estrado, donde fue coronada Evelyn y galardonadas, con hermosos arreglos florales, Karla y Diany, quienes demostraron su acendrada identidad cajamarquina al bailar el inconfundible huayno con los organizadores del carnaval: Nicolás y Daniel Carrera Dávila, así como el regidor de Trujillo, Carlos Burméster.

Este momento fue amenizado por la Tropic Band, agrupación musical con 10 años de vigencia que por primera vez estuvo amenizó este carnaval. A este marco musical se sumaron Silverio Urbina y su orquesta (Lima), Homero Medina Marín (Paucamarca), Walter Tambo Jara y Santiago Carrera Burgos (San Marcos), Carlos Roberto (El Mago del Piano de Trujillo), banda de músicos Mi Perú (Trujillo), Janer Vargas Vargas (Paucamarca), Mixtura Perú, Yumpay, los Nativos de Cajamarca.

Pero el público no sólo llegó a la Ramada Cajamarquina atraída por la tradicional música y el espectáculo carnavalesco, sino también por los exquisitos platos típicos: copús, cuy con papas, mote de trigo, chicharrón de cerdo, cabrito y la infalible chicha de jora.

Pasadas las 9 de la noche la algarabía llegó a su máxima expresión, cuando empezó a derribarse los dos palos cilulos levantados al centro de la explanada, los que eran cortados con el hacha, mientas la gente danzaba rítmicamente en su rededor.

El paleontólogo autodidacta de Paucamarca


Paucamarca es la capital del distrito Gregorio Pita, ubicado a 20 minutos de la ciudad de San Marcos (Cajamarca) y se caracteriza porque su gente es muy emprendedora, exitosa, amable y grata con su pueblo. Aquí encontramos a Enrique Reynaldo Ramos Abanto, un raro personaje, que desde hace 10 años se dedica a coleccionar los fósiles que están desperdigados en esa agreste geografía andina.
En el pueblo todos lo conocen como una persona que colecciona “piedras raras”. A un costado de su vivienda, exhibe pesadas rocas con distintas figuras talladas por la naturaleza: un  dinosaurio, un águila u otras con formas de estalactitas, una silla, una ardilla gigante; inclusive, la rueda de un molino de piedra con la que se muele cereales, aprovechando la fuerza del agua. Todas éstas las llevó hasta su casa con ayuda de algunos vecinos, en acémilas o en vehículos.
Después de una primera explicación nos pide ingresar a una estrecha sala donde acondicionó unos estantes en los que ordenó, según el tamaño, al menos 500 piezas de de fósiles y piedras trabajadas por antiguas culturas o simplemente talladas por acción de la naturaleza.
Emocionado nos muestra un pelícano, tortugas, caracoles de diversos tamaños, conchas, una hoja de tuna, raíces, peces, estrellas de mar, raíces, entre otros. Le presta mayor atención a una que tiene forma de bota, y que un paleontólogo le dijo que se trata del fragmento de la pierna de un ser humano (desde la rodilla hasta el pie) y varias piedras medianas con incrustaciones en el centro, a manera de encofrado, las que habrían sido trabajadas por los pobladores ancestrales de esta región.
Ramos Abanto es un pequeño agricultor de 51 años de edad, y recuerda que de pura casualidad se adentró en este hobbie, que ahora es parte de su vida, pues se ha especializado de tanto conversar con tanta gente que visita su colección, por eso, sus paisanos le avisan cuando encuentran alguna rareza de este tipo, y él va en su búsqueda, aprovechando los feriados o domingos porque no puede descuidar su chacra, pues con las cosechas sustenta su hogar.
“Como de costumbre, un día salí al campo y en el camino encontré una piedra que me llamó la atención, la recogí y la traje a casa. Después cada vez que iba a mi chacra no dejaba de observar el suelo en busca de otras, y siempre encontraba. Hasta que me di cuenta que de nada servía tenerlas guardadas y acondicioné una pequeña sala para mostrarlas a los visitantes”, comenta.
Hasta el momento logró recoger más de 500 piezas grandes y pequeñas, entre las que hay fósiles, formaciones naturales y talladas por las antiguas culturas que poblaron este territorio.
Ramos Abanto sólo cursó estudios de primaria, pero ya se considera un ducho en la paleontología, es decir, que empíricamente indaga lo que guardan los fósiles (restos o señales de la actividad de organismos conservados en las rocas sedimentarias que pueden haber sufrido transformaciones en su composición o deformaciones: esqueletos, conchas y caparazones de animales, plantas, moldes o las huellas de la actividad humana o animal).
“Los últimos años me visitó mucha gente, entre ellos algunos estudiosos que me decían que estos eran fósiles y yo les preguntaba qué cosa era eso, y me explicaban que eran animales o plantas petrificadas. Así, de a pocos, fui aprendiendo y ahora sé con certeza lo que hago, y la importancia que tiene para la humanidad”, asevera.
Entre sus ilustradores está el catedrático de la Universidad Mayor de San Marcos, Olegario Marín, quien le proporcionó bibliografía sobre la Paleontología, la que lee con avidez. Y lo que le causó más sorpresa y satisfacción fue que en esas páginas encontró figuras y dibujos de todos los objetos que tiene en su poder. Eso le imprimió más entusiasmo para seguir adelante en su afición.

Advierte que esta tarea no es fácil porque siempre encuentra obstáculos, pero él sabe esquivarlos y salir triunfante con lo que se propone, por eso ahora proyecta construir un museo con estructuras de piedra, madera y barro, y aunque solicita el apoyo de las autoridades locales y regionales o de instituciones privadas, asegura que de todas maneras lo concretará este año, pues ya tiene listo el material y sólo espera que termine el periodo de lluvias para iniciar la obra.
Insiste en que no quiere utilizar cemento ni ladrillo, sino materiales de la zona para que no desentone con el paisaje, y que los visitantes se sientan a gusto.
“Sé que esto es algo valioso y un aporte para el Perú y el mundo, desde Paucamarca. Habrá grandes museos modernos en las ciudades, pero acá tenemos lo que nos provee la naturaleza, producto de la evolución a lo largo de millones de años. Lo importante es que las futuras generaciones conozcan y sepan cómo qué hubo en el pasado”, enfatiza.
Ramos Abanto también está aprendiendo a tallar y dibujar en piedras. Antes de salir, le compramos algunas de sus creaciones como una forma de retribuir su enorme esfuerzo en beneficio de la cultura, tarea en la que también están involucrados sus menores hijos, quienes ya aprendieron a reconocer los fósiles.
Tierra de filántropos
Paucamarca es un pueblo cajamarquino prodigioso, nos solo por su productividad agrícola, sino también por la grandeza de su gente. Muchos salieron a temprana edad en busca de otros horizontes, y alcanzaron el éxito, tanto en el Perú como en el extranjero; pero lo más importante no es eso, sino que nunca se olvidaron de la tierra que los vio nacer. La gratitud es su característica principal, de tal manera que las principales obras de desarrollo que se hicieron realidad aquí fue, en parte, con el aporte de ellos.
Uno de los más representativos es Mario Abanto Cerdán, un empresario paucamarquino que tiene restaurantes en Estados Unidos, que figuran en entre los mejores de comida latinoamericana. Él, todos los años, retorna a su pueblo natal, donde es muy querido porque aportó para reconstruir la iglesia, la escuela, la Plaza de Armas, la posta médica, a la que donó una ambulancia equipada. Lo propio hizo en la ciudad de San Marcos, al aportar recursos para la iglesia, y este mes regaló un enorme reloj para el flamante mercado que inauguró la municipalidad provincial.
Nicolás Carrera Dávila es otro empresario filántropo que cada vez que le solicitan siempre apoya en algo. Él empezó vendiendo pan en Trujillo ahora es un próspero comerciante, conocido como el impulsor de una de las festividades liberteñas que convoca más gente en un solo día: el carnaval de Conache.
Telmo Sánchez Lezama es sanmarquino y todos lo conocen en toda la provincia porque siempre estuvo presente en cuanta obra se ejecutaba. Dicen que la hidroeléctrica de San Marcos iba a quedar inconclusa por falta de dinero, al enterarse se ofreció a trabajar sin cobrar nada, inclusive con sus alumnos. No sólo eso, también se encargó de gestionar los recursos que faltaba, y personalmente trasladaba alimentos y materiales desde la ciudad hasta donde estaban los obreros.
Lo más curioso es que es ateo y también laboró gratis con el afán de que se termine pronto la construcción del templo católico de Paucamarca, a fin de que sea inaugurado aprovechando la fiesta patronal. Además, se caracteriza ser muy solidario. Amparo Castañeda lo explica bien: “Aparece en el momento exacto que uno lo necesita, aunque no lo llamemos”. La lista de esta gente es larga, pero para ejemplo, basta. Por eso, visitar estos lares es más que reconfortante.

Su majestad, el Pisco Sour

Por: Guido Sánchez Santur


El barman corta los limones y licúa la clara de huevo, luego en un vaso grande los mezcla con el pisco, el jarabe de goma y el hielo, y procede a batir hasta dejar a punto el espumoso Pisco Sour, que de inmediato procede a servir en una copa, a la cual le agrega entre una y dos gotas de amargo de angostura.
Está listo para beber una copa y otra más, como lo hicimos el sábado 6 de febrero último, con motivo de celebrarse el  Día del Pisco Sour en todos los rincones del país, y Trujillo no fue la excepción
Con ese motivo dialogamos con Alfredo Rojas Paredes, gerente administrativo del restaurante Big Ben de Huanchaco, quien nos ilustra que gracias a las características de gran nivel alcohólico y acidez hacen del pisco sour un acompañante especial del cebiche de pescado o de mariscos, en los que la presencia del limón es el común denominador. Mientras que el picante del ají emparenta con la dosis apropiada de alcohol.
Pero el pisco sour también conjuga con las conchitas al limón, a la parmesana, el tiradito a la crema, calamares al limón, y la variedad de platos preparados con los frutos que el mar nos provee frescos para ser sazonados con limón y ajíes.
Advierte que esto se le denomina maridaje que no es otra cosa que el matrimonio, la unión en perfecta armonía entre la bebida y la comida, pero no todos los platos logran esta relación. Es necesario que ambas de aprecien en el mismo nivel y no que una opaque a la otra.
El maridaje más común es entre el vino y la comida, pero también se da con las bebidas espirituosas, las cervezas, etc. Y el pisco sour es un coctel clásico al igual que el Martini, el Manhattan, las coladas, el mojito y otros.
Y, además de lo dicho en arriba, puede tomarse como un aperitivo o un digestivo por su nivel alcohólico, la acidez y el dulzor que contiene. Su fórmula de preparación se diversifica de acuerdo al gusto de quienes lo beben, pero manteniendo la proporción, como en el Big Ben que se ofrecen o dobles o catedrales (más cargados de alcohol).
ORGULLO NACIONAL
Es así que nuestras bebidas originarias, como las comidas típicas, las tradiciones y la historia nos imprimen esa identidad nacional única. Son elementos que nos enorgullecen porque la repercusión de su fama deja bien puesto nombre del Perú en el mundo.
Ese papel juega el Pisco que como bebida espirituosa se ha convertido en la bebida de bandera del país, es degustada y apreciada por los paladares de los más exigentes catadores., y que dio paso al afamado Pisco Sour.
El Día Pisco Sour se festeja desde el 2004 el primer sábado de febrero, según el Decreto Supremo N º 161-2004-Produce. La celebración la asumen autoridades o empresarios, como en La Libertad que los actos oficiales los organiza la Cámara de Comercio. Según la tradición, esta bebida se preparó por primera vez en los años 20 en el Bar Morris, en el tradicional jirón de la Unión, en el centro de Lima.
El Pisco es un aguardiente elaborado a partir de la fermentación de los caldos frescos de los mostos de uva (jugo) cultivados en zonas muy concretas del Perú que poseen un microclima y unas condiciones medio-ambientales únicas en el mundo para el sembrío de viñedos.
La calidad y aroma, cuerpo y bouquet del Pisco son excepcionales y únicos. Para elaborar un litro se requiere más de siete kilos de uva, por eso no puede producirse en grandes cantidades.
Las áreas geográficas reconocidas oficialmente como productoras de Pisco son los departamentos de Lima, Ica, Arequipa, Moquegua, y los valles de Locumba, Sama y Caplina, en Tacna. También se produce en la Libertad, pero no se le puede ese nombre pese a su tal calidad, debido a la ley de de la denominación de origen.
En julio del 2005 el pisco fue reconocido como un producto exclusivamente peruano por la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (Ompi) de las Naciones Unidas; por eso con mucho orgullo tenemos que decir, ¡Salud!, con todos.

A TRAVÉS DE LA HISTORIA
La destilación de Pisco no existió hasta la llegada de los españoles, quienes introdujeron cepas de uva moscatel traídas de España. Los cronistas Guamán Poma de Ayala, Pedro Sarmiento de Gamboa, fray Martín de Murúa, Bernabé Cobo y Pedro Cieza de León acreditan la existencia de este referente geográfico desde inicios de la Colonia, destacando, además, el cultivo de la vid, así como la elaboración de vinos y aguardiente. Miguel Cabello de Balboa, en sus Misceláneas Antárticas, escritas en 1586, menciona expresamente valles de Ica, Humay y Pisco.
La historia del Pisco se conjuga con el mestizaje que enriquece nuestra cultura y todos la reconocemos como parte de nuestra identidad nacional dentro y fuera de las fronteras del Perú.
En el siglo XVI llegó la uva desde las Islas Canarias, traída por el Marqués Francisco de Caravantes. Los cronistas sostienen que en la hacienda Marcahuasi (Cusco) se produjo la primera vinificación en Sudamérica. Y que Mateo Atiquipa fue el primer enólogo americano.
Pero fue en Ica que esos cultivos se expandieron debido a las propicias condiciones climáticas, dando lugar al desarrollo de una gran industria de vinos. Gracias a la enorme producción de vid se exportó el vino a España durante el virreinato, lo que motivó que en 1614 Felipe II prohibiera ese comercio para evitar una peligrosa competencia en perjuicio de los comerciantes peninsulares.
A raíz de ello, los monjes hacendados costeños intensificaron la producción del aguardiente de uva peruano, convirtiéndola en una bebida popular por sus características muy propias, sobre todo entre los viajeros de la región. Hasta que en 1574 se le empieza a denominar pisco, en alusión a un río, un pueblo y puerto, el mismo que rápidamente gana prestigio y sus volúmenes de exportación crecieron significativamente.