La Ruta del Spondylus

Por: Maria Jose Rubin

Durante los próximos tres años, un circuito turístico binacional ecuatoriano-peruano será receptor de una inversión millonaria por parte del Ministerio de Turismo de Ecuador. Su nombre será Ruta de Spondylus, y el proyecto fue pactado con el Ministerio de Turismo de Perú el pasado sábado 25 de octubre. Con la firma de un acuerdo, ambos organismos dieron inicio a un período de intenso trabajo que dará como resultado un sendero turístico ejemplar.
Éste recorrerá la costa ecuatoriana desde Esmeraldas hasta Huaquillas, y se espera que, gracias a la diversificación de la oferta, el flujo turístico se distribuya mejor durante el año. Con destinos ya consagrados como
Galápagos y Machu Picchu, las temporadas altas de ambos países son muy marcadas, situación que se pretende revertir.
La idea del proyecto es incluir paradas culturales en el recorrido. El museo y el acuadio de Valdivia, el museo de Colonche, el cerro Jaboncillo y La Tolita, en Esmeraldas, son los nombres que se mencionaron hasta ahora.
Entre los puntos del presupuesto, que será de 5 millones de dólares, se destaca la capacitación como base del proyecto. Los cursos para guías nativos son un claro ejemplo de esta tendencia.
También se invertirá en la adecuación de senderos ecoturísticos, con señalización y mejora de caminos. La
gastronomía local y la tradición de pueblos pesqueros serán también una propuesta tentadora del plan.
Ecuador y Perú firmaron memorando para impulsar el desarrollo turístico de la Ruta Spondylus Machala, 27 de octubre de 2008.- La Ministra de Turismo del Ecuador,
Verónica Sión de Josse y su par de Comercio Exterior y Turismo del Perú, Mercedes Araoz Fernández, firmaron un memorando de entendimiento para el desarrollo turístico binacional de la Ruta del Spondylus, en el marco de la reunión de los presidentes Rafael Correa de Ecuador y Alan García de Perú, con sus respectivos gabinetes ministeriales, el sábado pasado en la ciudad de Machala.
Con la frase “Turismo, frontera de la Paz”, la Ministra Sión participó activamente en la reunión binacional, que concluyó con la firma del documento que busca la aplicación de acciones y programas de cooperación en materia de turismo; el desarrollo y promoción turística de cada país; el intercambio de planes de mercadeo; la estructuración del patrimonio turístico para la promoción del Ecuador y del Perú y la operación tanto a escala nacional como internacional de programas de desarrollo regional fronterizo en cada país.
El tema central de este compromiso fue la Ruta Spondylus, que se convertirá en una herramienta binacional para promover y difundir a través de ésta, las diferentes culturas, sitios, espacios, costumbres y demás atractivos que poseen los dos países, especialmente en las poblaciones en las que se han encontrado vestigios de la utilización de la concha Spondylus.
La Ruta Spondylus, diseñada por el Ministerio de Turismo del Ecuador, a más de constituirse en un símbolo para el fortalecimiento de los lazos de amistad que unen a Ecuador y Perú, se constituye en una herramienta de desarrollo y promoción turística que puede fomentar el desarrollo sostenible de esta actividad en forma binacional, hacia y desde las poblaciones actuales de las provincias de Esmeraldas, Manabí, Santa Elena, Guayas, El Oro y Loja en el Ecuador y los departamentos de Lambayeque, Tumbes, Piura, Cajamarca entre otros de la Región Norte en el Perú.

Complejo Turístico "Yacumama"


A 12 kilómetros de la ciudad de paja, Rioja (provincia del departamento de San Martín-Perú), por la carretera Fernando Belaunde Terry, en el caserío El Porvenir, un letrero indica el desvío hacia el Complejo Turístico YACUMAMA.

Un ejército de troncos de palmeras de aguaje, a lo largo de unos 150 metros espera al visitante.
Yacumama ocupa un área de poco más de 10 hectáreas.

Su propietario, Hugo Vela Díaz, un riojano defensor del medio ambiente, ha logrado plasmar en este espacio, parte de la majestuosidad de la selva: ríos, lagunas con abundantes peces nativos(gamita y sábalo, principalmente), monos, coloridas avencillas, tupidos bosques y una linda playa junto al río Negro.

Aquí, el visitante puede pescar a sus anchas, pasearse en canoas o bote-motores, ya sea en laguna principal o en el río Negro; nadar, descansar en la playa o internarse en la selva, toda una gama de actividades al alcance del visitante.

La Selva de las Cavernas



El Alto Mayo(provincias de Rioja y Moyobamba-San Martín-Perú) se encuentra en una zona sísmica. Presenta dos fallas geológicas; el cerro, la Ventana y el morro de Angaiza.

Hace millones de años, en esta zona, como producto de la evolución de la tierra se produjeron grandes aberturas que fueron cerrándose con el paso del tiempo, dando lugar a ríos subterráneos y grandes cavernas; por esta razón en cada naciente de río, al pie de la cordillera existe una caverna.

Algunas son accesibles como el de la quebrada de Cascayunga y los ríos Tío Yacu y Soritor; más otras son inaccesibles, como la caverna por donde brota el río Negro que aún aguarda secretos en su vientre.

También hay cavernas sin fuentes de agua, como las de Aguas Verdes, Aguas Claras, El Diamante, San Juan, Santa Fe, Las Velas y La Encañada de Tonchima. En total son aproximadamente 15 cavernas con formas caprichosas de piedra caliza, muchas de ellas pobladas por aves; Huacharos o Tayos.

La caverna más hermosa y más visitada es Cascayunga, ubicado a pocos kilómetros de la ciudad de Rioja. Esta caverna tiene una extensión aproximada de 150 metros. Es la caverna más impresionante de la región. Aquí se encuentran estalactitas, esmalagmitas y pilares de diversas formas y tamaños que tiene en su interior. También hay estalactitas gigantes, altares y laberintos adornados con piedras de diversas tonalidades.

Grandes pilares que se parecen a restos del Imperio Romano y túneles que dan acceso a otros salones no explorados tadavía. La caverna de Cascayunga se ha venida conservando gracias al cuidado de los pobladores del Centro Poblado La Perla de Cascayunga, quienes cuidan celosamente , este valioso recurso y a los bosques que lo rodean.

Esta caverna debe ser colocada en la vitrina del turismo mundial, por su belleza, amplitud y por los recursos naturales impresionantes que guarda en su interior.

Los Renacales del Avisado

El río Avisado se encuentra en la provincia de Moyobamba, en el departamento de San Martín, Perú. Baña una extensa área de aguajales y renacales de más de 3,000 hectáreas. En la actualidad, este valle constituye el último refugio de animales silvestres; monos y aves salvados de la destrucción ocasionada en otros lugares del Alto Mayo.

Navegar por las aguas del río Avisado es una vivencia extraordinaria. Una visita priviliosa en un lugar inimaginable, con cebadas, cataguas, palmeras y árboles que caminan.

Son incontables los kilómetros de nevegación dentro de la sombra de los árboles, respirando el dulce perfume de las orquídeas nacidas aquí, y escuchando el melodioso cantar de pajarillos y cotomonos o monos aullador, quienes anuncian la lluvia.

El árbol de renaco es la madre de la selva, ya que alimenta a las aves, peces y monos. Las raíces saltonas de formas caprichosas de los renacos es lo más sobresalinte y curioso en las aguas. Este árbol predomina en toda la región amazónica. el mismo que ha dado origen a numerosos cuentos y leyendas como el del Chullachaqui, el diablillo del bosque, quien engaña a los cazadores y defiende su hábitad de los depredadores.

Las familias de Moyobamba que habitan en este lugar reciben cordialemente a turistas propios y extrangeros invitándolos a degustar de platos exóticos, como el timbuche de cotolo, pez que abunda en el río; suri con plátano, el sabroso gusano que se desarrolla en el tallo del aguaje, entre otros.

Sin duda alguna, el privilegio de asombrarse ante un valle prodiogioso, sólo está en el Alto Mayo.

Chiquitoy, donde la historia está vigente

Por: Guido Sánchez Santur
sasagui35@gmail.com

Chiquitoy o Chicutoy (Santiago de Cao, Ascope) es un pueblo que abriga una historia milenaria, escenario de una de las culturas más importantes del norte peruano: Moche. Durante la Colonia y la República se caracterizó por su elevada producción agrícola y en esta etapa contemporánea se impuso con el cultivo de la caña de azúcar, gracias a la presencia de los hacendados.
Como muestra de este esplendor aún queda esa hermosa casa-hacienda de amplios patios, puertas elevadas, anchos ventanales y cómodas habitaciones; así como una locomotora que jalaba los vagones en los que se transportaba el azúcar a los puertos liberteños. Por eso, recorrer sus calles es como adentrarse en una página más de nuestra historia.
Entre los años 1000 y 800, en estos valles, floreció la cultura Moche que demostró un alto conocimiento de la ingeniería hidráulica. Luego, en este territorio, se asientan los chimús y después los incas, cuyas construcciones en barro todavía se evidencian.
Además de Chan-Chan, los chimú levantaron una ciudad en cada valle, algunas de las cuales llegaron a ser casi tan grandes como la propia capital, por ejemplo, Chiquitoy Viejo (Chicama), Pátapo (Lambayeque), Pacatnamú (Jequetepeque) y Purgatorio (valle del Leche).
Chiquitoy se convirtió en el principal centro administrativo Inca, provocando la decadencia de Chan Chan. Una de las principales funciones que cumplían los Incas en este lugar era inspeccionar los bienes que se enviaban desde el corazón Chimú a la capital inca, en Cuzco.
Con el arribo de los españoles, según Miguel Feijóo, entre 1538 y 1540 se fundaron los pueblos de indios: Santiago de Cao, Magdalena de Cao, Chocope, Licapa, La Concepción y Chiquitoy.
Chiquitoy fue originariamente uno de los repartimientos asignados a los conquistadores que residían en Trujillo y en el valle Chicama. Felipe Guamán Poma de Ayala (1536-1616) refiere que estos indios e indias eran muy limpios y pulidos.
Este centro poblado se empieza a constituir con indios, mestizos, mulatos, esclavos, negros libres y españoles. Estos últimos desplazaron a los indios de Chiquitoy Viejo y los colocaron en el lugar que ocupa actualmente la ciudad. Entonces, los indios que quedaron eran muy pocos y los negros empezaron a llegar como fuerza de trabajo.
En la República se cultivó uvas, plátanos, peras, olivos, higueras, naranjas y ciruelos, los que ya no están en su mayoría; por el contrario, todavía se mantienen en pie los antiguos ficus sembrados a finales de los años 1600 por la familia Del Risco.
Antes que Chiquitoy sea Cooperativa y luego Club Cooperativo se le llamaba huerto de la hacienda o simplemente huerta hacienda. El ex club presenta dos canchas deportivas, un estadio, una plaza de toros, un coliseo de gallos, una laguna, una piscina para niño y una de adultos, duchas, sombrillas, vestidores y un gran espacio ideal para camping y esparcimiento familiar.
La plaza de toros está ubicada al noroeste del ex club y tiene un diámetro de 34,5 metros. Se la utiliza actualmente sólo en la fiesta patronal de San Martín de Porres, a fines de noviembre cuando se programan corridas.
LOCOMOTORA CON HISTORIA
El visitante también tiene la oportunidad de apreciar la locomotora que se encuentra sobre una huaca preinca, única de esa particularidad. Fue construida en 1902 por la empresa The Baldwin Locomotive Works en su sede central de Filadelfia (EE.UU). Esta misma empresa construyó más de 80 mil locomotoras de diversos tipos en sus 118 años de funcionamiento.
Esta locomotora llamada El Torito No. 5 fue restaurada el 2008 por encargo de la empresa Agraria Chiquitoy y estuvo a cargo de mecánicos de la localidad que pusieron todo de sí para que no perdiera su parecido inicial.
Se trata de una máquina de vapor que la manejaban dos personas: el maquinista responsable de controlar la locomotora y el tren en su conjunto; y el fogonero, a cargo del fuego, la presión y el agua. Tenía un ténder porque llevaba consigo el carbón y agua.
Se la empleaba para trechos pequeños y comenzó a funcionar cuando Chiquitoy era administrado por el arrendatario Víctor Larco Herrera. Fue usada exclusivamente en el transporte de caña, azúcar y personal. Su combustible predominante fue el carbón, aunque también se usó la madera y el bagazo de la azúcar de caña.

Nueva ruta, tras los pasos de Vallejo

Por: Guido Sánchez Santur

“Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita de junco y capulí; ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita la sangre, como flojo coñac, dentro de mí…”.
Este verso extraído del poema Idilio Muerto lo voy recitando mentalmente, mientras camino esas estrechas calles, con sus casas de elevado tejado y extensas habitaciones, como aquella que acogió a César Abraham Vallejo Mendoza, en sus años mozos.
Mis pulmones y mi pecho se hinchan al respirar ese aire, andino y puro, pero sobretodo al pisar el suelo de la Santiago de Chuco, por donde, en su niñez, corrió y jugó el más grande poeta peruano, reconocido recién después de su muerte, ocurrida un 15 de abril del año 1938.
Por una estrecha y empinada calle llego a la vieja casona donde creció el vate hasta los once años (1905), la misma que desde 1997 está bajo la administración de la municipalidad provincial de Santiago de Chuco que la convirtió en Casa Museo.
“Hermano Miguel, hoy estoy en el poyo de la casa, ¡donde nos haces una falta sin fondo!, me acuerdo que jugábamos esta hora, y que mamá nos ac
ariciaba: “pero, hijos…”.
Traspaso el umbral de la casona y me reciben muy atentos Jackeline Tapia Sandoval y Wilson Alayo Cueva, quienes a diario dan la bienvenida y guían a los visitantes que vienen desde muy lejos.
A la entrada está un pequeño jardín y al frente una estatua del poeta, que da paso a lo que fuera la sala de recepción de visitas, donde se exhiben parte de las pertenencias de la familia (una plancha de acero, sillas, una victrola, etc.), además de fotografías, dibujos y pinturas que muestran diversos momentos de la vida del poeta, al igual que algunas tallas.
Al fondo de la misma sala está una pequeña capilla dedicada a la oración cotidiana, pues la familia fue muy religiosa habida cuenta que los abuelos del poeta fueron sacerdotes. Ahí reposa una pequeña imagen de madera de San Isidro Labrador, el patrón de los agricultores. También destaca una pintura de estilo mestizo con la imagen de San José.
Luego pasamos a lo que en un primer momento fueron dormitorios y después, el comedor y que está dividido por la puerta que nos lleva al patio posterior. Ahí nos topamos con el poyo (estructura de adobe en la parte externa de los ambientes), donde el poeta descansaba con sus hermanos, según lo refiere nostálgicamente en su poema A mi hermano Miguel.
Según el escritor, Francisco Izquierdo Ríos, en una conversación que sostuvo con Jesús, la hermana mayor de César Vallejo (1946), ésta le comentó que uno de sus hermanos (Víctor) nació en el poyo.
Pero lo que más me sorprende es aquel capulí, aunque no es el original, que se yergue casi al centro del patio posterior, donde se cultiva otro jardín. Esta especie arbórea andina es el símbolo del poema Idilio Muerto, dedicado a su “dulce Rita”.
Al frente está lo que fue la puerta principal (hoy clausurada), y a un costado la oficina de su padre (un abogado sin título), quien ocupó varios cargos públicos (gobernador, recaudador, etc.) y que tuvo a César como su ayudante, desde muy pequeño. En este ambiente encontramos mucha información biográfica, poemas, fotografías, apuntes gráficos y más objetos de la familia.
En otro cuarto apreciamos una cómoda con el velero, y una alfombra tejida artesanalmente con lana de oveja, baúles, una sombrilla y parte de la cama, percheros cuadros, dibujos y caricaturas, entre las que destaca una copia de la que le hizo Pablo Picasso.
Después pasamos a la cocina, con modificaciones posteriores, cuando su hermano Víctor amplió la casa. Desde esa fecha se convirtió en un dormitorio. Hay también parte de los utensilios de la época, un horno de barro en el que cocían el pan, como lo había en la mayoría de casas del ande, y no podía falta el cuyero (guarida de los cuyes). Además de antiguos canalones que fueron parte del sistema de agua y desagüe de la vivienda, con su propio pozo de almacenamiento de agua revestido con piedras.
También se muestran tres nuevas cartas originales escritas con puño y letra del poeta y que fueron entregadas a la municipalidad santiaguina por la Universidad Nacional de Trujillo (UNT). Estas datan del año 1912, cuando Vallejo frisaba los veinte años de edad y fueron dirigidas a su hermano Víctor que en ese entonces se encontraba en Santiago de Chuco.
“Ya no tengamos pena. Vamos viendo los barcos ¡el mío es más bonito de todos! con los cuales jugamos todo el santo día, sin pelearnos, como debe de ser: han quedado en el pozo de agua, listos, fletados de dulces para mañana” (Trilce III).
Diciendo estos versos salgo de esta casa que ha de ser el templo de la poesía peruana, a donde debemos acudir contritos, los amantes de la creación vallejiana. Camino por esa calle empinada y me alejo observando la inmensidad de aquel azul y radiante cielo, el mismo que iluminó a César Vallejo Mendoza.

MÁS DATOS
César Vallejo nace el 16 de marzo de 1892. Hace sus primeros estudios en su tierra, en la Escuela Municipal y luego en el Centro Escolar No. 271, conocido como Centro Viejo de Trujillo. Entre 1905 y 1908 estudia secundaria en la ciudad de Huamachuco, en el colegio San Nicolás. En 1910 se matricula en la Universidad de Trujillo, pero abandona los estudios y vuelve a su tierra. Enferma en París y muere el 15 de abril, a las 9:30 de la mañana.
La Casa Museo César Vallejo está abierta al público desde el año 1999. El promedio de visitas diarias es de 30 personas. El costo de ingreso no supera los 2 soles adultos, un sol los niños. Se estima un promedio de 800 visitas mensuales, de las cuales alrededor de 80 son extranjeros.

Asimismo, está vigente un convenio interinstitucional suscrito entre la municipalidad provincial de Santiago de Chuco, la empresa minera Barrick, el Instituto Nacional de Trujillo (INC - La Libertad) y el arzobispado de Trujillo, cuyo objetivo es mejorar y poner en valor este inmueble histórico.

En el Nor Oriente peruano

San Ignacio, el otro paraíso escondido


Guido Sánchez Santur
sasagui35@gmail.com

Nací y crecí en medio de este verde y prodigioso paisaje, entre caudalosos y navegables ríos, frondosos bosques, extensas chacras de arroz, el aroma de su café, la espesura de ese chocolate extraido directamente del cacao sin los malignos preservantes, o ese abrasador calor; pero cada vez que regreso siempre me embargan nuevas emociones. Es que uno no acaba de descubrir la riqueza de los pueblos, cada viaje es distinto.
Así es San Ignacio, provincia de Cajamarca que casi nada tiene de sierra y que está desmembrada de la capital regional (su nexo directo es con Chiclayo, en Lambayeque), al igual que Jaén, cuyas características geográficas son propias de la selva alta, y como tal alberga caudalosos ríos, como el Chinchipe que nace en Ecuador y confluye con el Marañón y el Utcubamba, en el pongo de Rentema (límite con la región Amazonas), un impresionante accidente geográfico que se convierte en un espectáculo, al atravesar el ramal central de los Andes del norte.
Su historia se remonta a 6 mil años antes de Cristo, con la presencia de los grupos humanos recolectores y cazadores en cuenca del río Chinchipe. Esto quedó registrado en las pinturas rupestres de Faical, las más grandes de su tipo en Sudamérica.
Luego se pobló con las tribus Huaros (distrito de Huarango), Chiros, (frontera con Ecuador), Huambisas y Aguarunas (San José de Lourdes y Huarango) y los Pakamuros (a orillas del Chinchipe). Después hubo influencia de la cultura Mochica-Chimú, como lo testimonian los restos arqueológicos de Ihuamaca, San Martín, Faical, Huaquillas (San Ignacio), Perico, Chulucama, Chulalapa, la Palma, Lambayeque (distrito de Huarango); El Carmen, Cerro Campana, Radiopampa, Unión Las Minas (distrito de Tabaconas).
Luego los incas Túpac Yupanqui y Huayna Cápac intentaron someter a los Pâkamuros (indios pintados de rojo) sin éxito, perdiendo en el intento gran parte de su ejército en medio de la selva, ordenando la retirada de sus 10 mil hombres.
A partir de este fracaso militar se sucedieron las leyendas sobre la existencia de monstruos aterradores que impedían el ingreso a la selva. Además, de los jíbaros como reducidores de cabezas.
Tras la conquista española del Perú, en 1538 el capitán Pedro de Vergara intentó dominar a los Pakamuros. Un año después, el capitán Juan de Salinas Loyola, entró en Cumbinamá, capital del Imperio Pakamuro, época en que empieza su extermino.
En 1549, Diego Palomino funda Jaén de Bracamoros, luego San Ignacio por el por Salinas Loyola en el año de 1557. En 1646 llegan los misioneros Jesuitas; Gaspar Cujía y Lucas de la Cueva, y cambian el nombre de San Ignacio de Maynas por el de San Ignacio de Loyola
En su territorio alberga, desde 1988, al Santuario Nacional Tabaconas Namballe con 29 mil 500 hectáreas en los distritos de Tabaconas y Namballe. En el año 2003 se construyó el Puente Internacional de La Balsa que a Perú con Ecuador, especialmente entre las ciudades limítrofes San Ignacio (Perú) y Zumba (Ecuador), lo que facilita el intercambio comercial y turístico entre estos pueblos fronterizos.
San Ignacio es conocida por su producción de café, ganado vacuno y café que abastece los mercados de la costa peruana, incluido Lima. Las extensas chacras se convierten en sorprendentes atractivos que nos permiten conocer el proceso de productivo, desde la siembra hasta la cosecha de estos productos. La misma compra y venta de la reses en los grandes corralones y su traslado, cruzando los ríos, se convierten en un espectáculo extraordinario.
En el centro poblado puerto Ciurelo, el más importante de esta provincia, y se ubica en el trayecto a Jaén, asentado a orillas del río Chinchipe, que se cruza con en balsas y botes, cuyos conductores nos ofrecen adrenalínicos paseos cuesta arriba. A ello se suma, una hermosa playa formada, donde la gente aprovecha para nadar y tomar sol.
Así es esta tierra, calurosa y generosa que nos abre sus puerta de par en par para conocer otro trozo de este maravilloso país que se llama Perú, con una enorme variedad cultura y natural.