San Agustín, donde las leyendas cobran vida

Por: Guido Sánchez Santur

Desde la cima del cerro Huamán se domina el valle de San Agustín.

Dejamos atrás el grisáceo cielo trujillano y nos abrimos paso hacia un panorama verde, soleado y un aire fresco con sabor a libertad. Los cañaverales a los costados de la pista parecen saludarnos mientras avanzamos siguiendo la carretera de penetración a la sierra. Pasamos por Shirán, Otuzco y nos adentramos por una trocha carrozable que nos lleva a San Agustín, abrigados por un candente sol.
Estamos sobre los 3 mil metros sobre el nivel del mar. De pronto, desde un cerro avistamos unas casas aisladas y la guía Mary Lis nos advierte que ese es el caserío San Agustín. Proseguimos la marcha en la camioneta cerrada y al aproximarnos al pueblo apreciamos que una multitud de niños y adultos avanza a nuestro encuentro.
Para ellos, era todo un acontecimiento saber que por primera vez los visitaba un extranjero, nada menos que el alemán Lothar Burghardt -consejero en desarrollo de turismo en Alta Selva Negra- uno de los principales expositores en la segunda Convención Internacional: Turismo Sostenible, el Nuevo Reto del Perú, que organizaron Reptur Perú y la asociación Colibrí, la primera semana de octubre último.
La emoción nos embarga al observar que los pequeños del colegio primario No. 80948 hacen flamear banderas peruanas y alemanas, mientras escoltan a los visitantes hasta su plantel, donde los profesores y alumnos se han esmerado en preparar la escenificación de la Danza de la Siembra de la Papa, como expresión de sus arraigadas tradiciones ancestrales.
Después del recibimiento protocolar enrumbamos a la parte alta del pueblo. El entusiasta director del plantel, Luis Núñez Nacarino, nos guía al encuentro con las leyendas del pueblo. Ascendimos otros mil metros más y estamos sobre el cerro Huamán, un mirador natural desde donde se domina todo el valle productor de papa, trigo, cebada, chocho; así como ganado ovino y vacuno lechero.
Los niños viven sus tradiciones cada día.

En la cima de esta elevación geográfica nos topamos con restos arqueológicos de una ciudadela de piedra labrada, que habría tenido influencia o formado parte de los markawamachucos.
Se trata de estructuras líticas cuadradas y rectangulares distribuidas hasta en cuatro niveles. Por las características del lugar y la similitud con otros recintos pre incas, se trataría de un sitio ceremonial dedicado a los rituales; además de una fortificación militar gracias a su estratégica ubicación.
Aparte de su valor histórico, este lugar es propicio para práctica del turismo vivencial o rural, pero también de los deportes de aventura. Las formaciones rocosas naturales que se imponen entre los sembríos de papa y el ichu permiten la práctica de la escalada en roca, ciclismo de montaña, caminatas o trekking, motocross, cabalgatas, rapelismo (descenso en cuerda en superficies verticales). También vuelo en parapente o en globo
LEYENDAS VIVIENTES
Extasiados por la belleza del paisaje, a la vez que el viento acaricia nuestros rostros y el radiante sol penetra hasta nuestros huesos, apuramos la respiración para llenar los pulmones con oxigeno. Estos momentos aprovecha el profesor Núñez Nacarino para narrarnos algunas leyendas que le enseñaron los lugareños.
“Estas dos peñas están separadas en una distancia de dos metros y es posible cruzarlas improvisando un puente, pero cuando estamos al otro lado ya no se puede retornar porque se distancian paulatinamente hasta hacer caer a las personas a la profundidad, en cuyo fondo dicen que hay una laguna. Y eso parece ser cierto, porque alrededor del cerro nacen manantiales”, refiere.
Al escucharlo se me eriza el cuerpo porque estoy parado casi al filo de esas pronunciadas grietas y el viento sopla más fuerte, como confabulándose con el narrador, quien prosigue con sus relatos.
“Al frente de la peña Huamán está el cerro Lluque, donde sobresale una roca que tiene una abertura parecida a una puerta, cuya abertura está marcada. En época de invierno la espesa neblina lo cubre totalmente y las pastoras que se acercan demasiado ven al interior una ciudad preciosa con lagos, casas relucientes y coloridos jardines que las tienta a ingresar y caminar como hipnotizadas entre la gente que la habita; cuando se dan cuenta y quieren regresar no encuentran la salida. Los moradores comentan que varias mujeres han desaparecido aquí”, añade.
De esto da fe el poblador Honorio Bacilio Roldán, quien asegura que él estuvo a punto de ser víctima de este encanto. Y agrega que en el cerro Cungayo hay una roca que tiene un pozo (Pila Milagrosa), de donde los agricultores, en tiempo de sequía, recogen agua con su sombrero y la esparcen en el espacio, imitando a sus antepasados; a tres o cuatro días después de este ritual llueve a cántaros.
“No sé si fue coincidencia, pero hace cinco años dos padres de familia me dijeron que iban a ese lugar y me advirtieron que la semana siguiente llovería. A su regreso les pregunté qué hicieron y me contaron lo mismo. Para mi sorpresa, la lluvia cayó en los días sucesivos y los campos reverdecieron nuevamente”, comenta Núñez Nacarino.
Después de degustar un exquisito cuy guisado con trigo sancochado, emprendimos el regreso. Hasta hoy retumban en mi memoria las imágenes de esos míticos relatos, cuyos escenarios caminé.

Las rocas separadas que abrigan una vieja leyenda de desapariciones.

Comunidad apuesta por el turismo
La población está entusiasmada con la idea de aprovechar sus recursos arqueológicos y naturales para promover el turismo hacia su comunidad.
Esto los motivó a apostar por el turismo rural y vivencial en el que intentan adentrarse de a pocos, en cuya iniciativa esperan contar con el apoyo de las autoridades provinciales y regionales.
Uno de los primeros pasos que darán en pos de este objetivo es la construcción de un local comunal donde haya habitaciones, servicios higiénicos y duchas con agua caliente para hospedar a los visitantes.
Esta idea ya recibió el espaldarazo de la educadora y experta en turismo, Nuria Jiménez Ramírez, quien les prometió amoblar y acondicionar el hospedaje, además de contribuir a la canalización de más recursos económicos.
“Estamos dispuestos a hacer todo lo que sea necesario para darle a nuestra comunidad las condiciones necesarias que permitan atraer turistas”, aseveró el agente municipal de San Agustín, Agapito Agustín Gómez.
Al conocer esta iniciativa, el alemán Lothar Burghardt, destacó las condiciones naturales con que cuenta este lugar para la práctica del turismo vivencial. Y aseguró que cualquier extranjero podría elegir este lugar para pasar una temporada si encuentra los servicios necesarios. No descartó la posibilidad de volver a esta localidad en un próximo viaje que haga al Perú.
San Agustín tiene una población aproximada de mil 500 moradores dedicados a la agricultura y a la ganadería. Sus mujeres conservan costumbres ancestrales, especialmente el tejido en telares, utilizando lana de ovejas

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