Artesanía en la campiña, herencia de los moches

Cuando mencionamos la cultura Moche de inmediato nos imaginamos los grandes monumentos arquitectónicos, su cerámica, sus coloridos alto relieves, la Dama de Cao o el Dios de las Montañas; pero, junto a ese ingente legado de las antiguas civilizaciones que poblaron la costa norte, ahora encontramos una cultura viva, hombres y mujeres que heredaron sus saberes, en quienes apreciamos no sólo sus rasgos fisonómicos, sino ese quehacer artístico que continúa vigente en la historia contemporánea.
Doris Asmat Azabache (Manos Mocheras), además de los apellidos que heredó de sus ancestros, se enorgullece de llevar en sus venas la habilidad de transformar la madera, cuero y mate en piezas de arte que son admiradas por propios y extraños.
Esta semana partimos en una caminata, siguiendo la vía embloquetada de la campiña de Moche, y al llegar a la extensa vivienda de Doris, la encontramos muy atareada dándole los acabados a un lote de bolsos en cuero, adornados con diseños tomados de la iconografía moche para ser enviados a una tienda de Lima, cuyos dueños quedaron maravillados cuando conocieron estas obras de arte.
En su taller, que ocupa tres ambientes de su casa, incluido su patio, laboran sus hijos, su esposo y otros familiares que, con orgullo, comparten esta actividad, no solo por tratarse de un negocio sino porque son conscientes de que con su trabajo contribuyen a fortalecer la identidad mochera.
En todos lados observamos cuadros de pintura en alto relieve, en los que se combina la arcilla, la sustancia viscosa de la sábila y el óleo; numerosas calabazas con diseños en pirograbado a mano alzada (grabado en caliente, técnica que también se aplica al cuero). Además, hallamos cartapacios, carteras, porta celulares, monederos, billeteras, tarjeteros, bolsones, etc.
Asmat Azabache advierte que lo más requerido por los jóvenes y niños (escolares y universitarios) son los llaveros que se los llevan de recuerdo en sus viajes de promoción.
Estas obras de arte las ofrece en su taller y en el patio de ventas del parador turístico de la Huaca de La Luna, donde permanece desde hace cinco años. Sonríe cuando recuerda cómo empezó, con sólo algunos llaveros y bolsos. Ahora vende más de 800 llaveros semanales y da trabajo a un promedio de 13 personas, en temporada alta.

• ARTE EN MADERA
Oscar Centeno Ñique (Artesanías Centeno) es otro artesano con sangre mochera que ha hecho de esta cultura, una forma de vida. Él empezó fabricando réplicas de muebles coloniales e imágenes de santos, hace 13 años, luego viró a la elaboración de cuadros decorativos con motivos moche, los que ofrece en el parador turístico. Y ahora acondicionó su taller para que los visitantes aprecien su trabajo y compren sus obras.
Ahora talla piezas decorativas y utilitarias, como caracoles, colibríes, servilleteros, cofres en madera. Moldea a la perfección el cedro, caoba y tornillo. “Vivo de la artesanía, me permite mantener mi familia y dar educación a mis hijos”. Su esposa Rosa Valencia lo apoya en las ventas.
El Rostro inconcebible de la Casa del Arte es de propiedad de la familia García Vásquez, cuyos miembros hicieron de su vivienda uno de los primeros talleres de artesanía de la campiña para mostrar a los turistas el legado de los moches.
Segundo García, el más entusiasta, nos abre las puertas con un saludo musical de recibimiento alzando el pututo y la corneta de barro, luego nos explica la forma de preparación de la arcilla con la que elabora las réplicas de la cerámica moche, utilizando moldes y el pintado con tierra de color. También esculpe la piedra y talla la madera.
“Inicialmente hacíamos estos trabajos para mostrarlos a nuestros vecinos, luego empezaron a venir muchas personas que nos compraban, y así estamos más de 8 años, abasteciendo también a las tiendas de este rubro”, asegura, mientras nos muestra la diversidad de piezas que adornan cada esquina de su casa.
Considera que con su obra cuenta la “verdadera historia de los moches” para contrarrestar las frecuentes distorsiones por el desconocimiento de sus raíces.
Estas expresiones artísticas de la Campiña de Moche se complementan con la herencia gastronómica, como la sopa teóloga que la encontramos en cada ramada instalada a la vera de la carretera; el frito, la chicha de jora y las variadas costumbres vigentes.

La herencia artesanal de los moches que está viva en varias familias de la campiña comenzó a integrarse al circuito de la Huaca de la Luna con la ejecución del proyecto Generación de empleo y mejora de ingresos, consolidando el producto turístico Huacas de Moche.
Esta iniciativa comenzó el año pasado y comprende la capacitación a 40 artesanos y regentadores de restaurantes de la campiña de Moche en estándares de calidad de alimentos y bebidas.
Este proyecto se concibió en vista que la cultura mochica logró un gran desarrollo de técnicas artesanales, expresadas en relieves polícromos en sus magníficos monumentos y sus fabulosas piezas de cerámica y orfebrería.
“El objetivo de este programa no sólo es mejorar la calidad de vida de los artesanos, sino fortalecer su identidad sobre la base de la milenaria cultura de sus ancestros”, sostiene Carmela Gamarra Zegarra, responsable de promoción del producto turístico Huacas de Moche.
Agrega que con el acondicionamiento de los talleres para las visitas de los turistas también se ampliará el tiempo de recorrido, a un mediodía, en el circuito turístico de la Huaca de la Luna y el Museo de Sitio, ahora no pasa de tres horas; es decir, que los turísticas necesariamente se quedarán a almorzar, lo cual favorecerá a los restaurantes de la campiña de Moche.
Además, la caminata permite apreciar la tradicional forma de vida de los mocheros, con sus cultivos y huertos familiares, la crianza de aves de corral y los perros ‘calatos’ que se cruzan en el trayecto.
El punto final es el complejo arqueológico Huacas del Sol y de la Luna que constituyeron el centro de poder del milenario pueblo mochica que se desarrolló entre los años 100 y 850 después de Cristo. Aquí se aprecian las polícromas decoraciones y el trabajo de arqueólogos y conservadores. Es una experiencia única, ya que los principales hallazgos los admiramos en el Museo de Sitio.
Generación de empleo

Cachicadán, un paraje de ensueño

“El siglo pasado, a causa del gélido frío en las alturas de Pasto Bueno y Tamboras (Santiago de Chuco), Zoila Gálvez Rondo padeció un reumatismo crónico que le entumeció las extremidades inferiores. Preocupado, su hermano Wenceslao, dueño de las minas de tungsteno ubicadas en esos lugares, averiguaba y buscaba la cura para este mal hasta que se enteró que en el balneario Cachicadán habían unas aguas termales con propiedades curativas.
No dudó y trasladó en andas a Zoila, en un recorrido de 100 kilómetros. Ya en este lugar la colocaron en una sábana y a diario, entre cuatro personas, la sumergían y la sacaban de una poza. Al cabo de tres meses la mejoría fue total y el acontecimiento fue celebrado a lo grande, con la reunión de toda la familia que vino desde muy lejos”.
Esta anécdota la narra, con nostalgia, Pablo Martell Gálvez, representante de la Sucesión Wenceslao Gálvez Rondo, quien recuerda que tras esa experiencia, su antecesor compró terrenos en Cachicadán, entre los que estaban las vertientes de las aguas termales que ahora él administra, en la parte baja del cerro La Botica.
El cerro La Botica es un apu tutelar (3.100 m.s.n.m.) muy importante porque alberga una variedad de plantas y hierbas medicinales que son utilizadas para el tratamiento de diferentes dolencias, a través de la medicina tradicional. Desde su cima se disfruta la belleza de este paisaje de ensueño, donde los colores adquieren mayor intensidad en las tardes soleadas.
Las estrechas y empinadas calles de Cachicadán trasuntan un aire bucólico, con el calor abrigador de este encajonado valle que da pie a un clima cálido muy agradable, bajo un permanente cielo despejado.
Su paisaje es variado gracias a sus diversos pisos ecológicos que ofrecen óptimas condiciones para la práctica de caminatas, cuyo recorrido incluye la visita a sitios arqueológicos, como Las Ventanillas de Paccha, Chulite, Sagarbal o Huacaz.
Pero el verdadero atractivo radica en sus aguas termales que colocan a este pueblo en un potencial destino turístico de tipo medicinal, aprovechando las propiedades curativas de este recurso natural, a las que se puede acceder en el barrio San Miguel, donde está la mayoría de pozas. Muchas familias las acondicionaron en sus propios domicilios para alquilarlas a los visitantes a cambio de un pago de 2 soles.
Estas aguas termales con una temperatura de 70ºC fueron conocidas y estudiadas por el sabio Antonio Raimondi, quien en 1860 escribió que éstas se hallan “en un pequeño llano rodeado de cerros, cubiertos de verdes cultivos de cebada, trigo y maíz, entre los cuales están diseminados varios árboles de sauce y numerosas casitas cubiertas, que dan al conjunto un hermosa vista”.
Agrega que emana de un cerro “cuya roca, en la parte inferior, es un pórfiro traquítico, y cerca del punto donde brota el agua es de naturaleza feldespática con sulfato de barita y sulfuro de fierro. Algunos pasos más abajo se nota otra hoya donde sale en mayor cantidad”. Las califica como ferruginosas, ya que el fierro se halla disuelto en estado de bicarbonato de protóxido.
En 1904 Temístocles Paese las analizó y determinó que estas aguas contienen ácido silícico, óxido de calcio, óxido de hierro y aluminio, óxido de magnesio, cloro, ácido sulfúrico, sodio, potasio, amoniaco, azufre precipitado y otros.
Años después Raúl Flores Córdova advierte que, por su composición química, corresponden al grupo de las minero-medicinales, alcalinas y de primera calidad. Y lo interesante es que son ionizadas.
Entretanto, a 30 minutos de Cachicadán llegamos al caserío Huacaz donde encontramos otra naciente de aguas termales, que se caracterizan por ser sulfurosas, color oscuro con una temperatura promedio de 75ºC.
El encanto de este lugar, rodeado de vegetación, se complementa con su historia perennizada en sus antiguas casonas: Tarnavieski, Hoggmiller, Angeluris y Gálvez. Esta última perteneció al que fuera propietario de los predios donde nacen las aguas termales, quien también instaló la primera fábrica de gaseosas en La Libertad. Razones suficientes para enrumbar a este paraje de ensueño.

La huaca San Pedro y el Dios de la Pesca

La costa norte del Perú fue el escenario donde se desarrolló la Cultura Moche, y en toda su extensión hay indicios de su presencia; por eso, no es de extrañar que en el ámbito de Chimbote encontremos evidencias de asentamientos precoloniales.
Esto nos despertó la curiosidad y enrumbamos a la tierra de la pesca, ese puerto mundialmente conocido por la exportación de harina de pescado. Nos sorprendió que en la parte alta, a la altura del vivero forestal, se levante una construcción preinca en adobe, que se resiste a sucumbir pese al avance de las edificaciones modernas.
Huaca San Pedro, esa es la denominación que recibe por ubicarse en el sector del mismo nombre y que, sin tomar en cuenta su importancia histórica, en algún momento se construyó, en su cima, una estructura con material noble, cuyos restos aún quedan.
Los vecinos recuerdan que cuando se abrían las zanjas para instalar las redes de agua potable y alcantarillado los trabajadores encontraban gran cantidad de restos de cerámica.
El arqueólogo Régulo Franco Jordán sostiene que hace 82 años esta huaca fue declarada monumento arqueológico y 11 años atrás se convirtió en Patrimonio Cultural de la Nación.
En este lugar se encontró una cerámica en la cual se identificó a un personaje mítico bautizado como el ‘Señor de la pesca’, un icono Moche que simboliza la identidad mística ancestral de Chimbote.
La Huaca San Pedro formó parte del complejo arqueológico ‘Monte de Chimbote’, reconocido por la corona española en 1815 como un fundo rústico, por ello constituye un patrimonio cultural de gran valor histórico en la costa norte del Perú.
El edificio monumental y santuario del ‘Señor de la pesca’ fue construido por los moches entre los siglos II y VIII después de Cristo. Se trata de una de las típicas pirámides que se enmarca en un modelo moche sureño, según las recientes investigaciones.
Sus elementos básicos comprenden una pirámide trunca de adobe con lados escalonados y accesos laterales, una plaza ceremonial delantera y construcciones anexas. También hubo un cementerio, murallas y otras estructuras arquitectónicas.
Se supone que en su interior alberga cámaras funerarias pertenecientes a gobernantes de elite y sacerdotes seguidores del ‘Señor de la Pesca’ que serán excavados en los años sucesivos, en el marco del proyecto de Identidad de Chimbote que está en marcha.
En opinión de Franco Jordán el Señor de la Pesca es una escultura de arcilla en miniatura, imagen de la deidad principal del valle del Santa y popularizada en toda la costa norte del Perú hace 1700 años aproximadamente con algunas variantes regionales.
El proyecto se rescate se centra en la protección del sitio arqueológico con un cerco perimétrico, investigación y conservación. A partir de esos trabajos se procederá a darle el acondicionamiento para su aprovechamiento turístico, lo cual implica diseñar un circuito, un parador, señalización y la construcción de un museo de sitio.
Por su ubicación, este sitio se constituye en un mirador natural de Chimbote, desde donde se aprecia la ciudad, el mar y la isla Blanca. El ascenso es una experiencia significativa y gratificante, por eso será muy importante su puesta en valor.

Pueblo Viejo
Al norte de la ciudad de Lima, a dos horas y media de Chimbote, a media hora en auto del sitio de Palamenco, donde existe más de un centenar de enigmáticos petroglifos que se remontan a 2,800 años a. C., se ubica un centro ceremonial monumental, cerca al poblado de Lacramarca Alta. El sitio está en la margen derecha del río Lacramarca, sobre una terraza grande de aproximadamente 30 hectáreas, que fue acondicionada desde tiempos muy antiguos.
El primer conjunto, al parecer el principal, está conformado por una pirámide de piedra, ahora amorfa por la acumulación de piedras de su construcción, pero que por los alineamientos de muros, plataformas, diferentes niveles arquitectónicos, se puede afirmar que es una pirámide de 30 metros de alto en su estado original, con terrazas escalonadas en sus cuatro frentes, y una escalinata central que sirve para ascender a la parte más alta, donde se percibe espacios rectangulares a distinto nivel, con muros unidos con argamasa de barro.
El frontis principal se orienta hacia el este, dirigido a las montañas donde nace el elemento el agua. Al pie del frontis principal se define una plaza cuadrangular de 35 metros por lado, precedido por un supuesto anfiteatro con un patio circular hundido de aproximadamente 18 metros de diámetro, al parecer con terrazas que circunvalan al interior y con un acceso de piedra central, con portadas laterales de piedra ubicada hacia la dirección del frontis de la pirámide.
Al lado sur del patio circular hundido se aprecian otros espacios rectangulares en niveles inferiores. La parte posterior de la pirámide posee diferentes niveles constructivos con muros de piedra, pasajes, recintos y posiblemente galerías que necesitan ser excavados.
Hacia el lado oeste aparece el segundo conjunto arquitectónico conformado por otra pirámide de piedra, con proporciones arquitectónicas inferiores al primer conjunto y de 18 metros de altura. En este caso, se aprecia la pirámide con orientación a este y una gran plaza cuadrangular delantera de mayor proporción que la plaza cuadrangular del primer conjunto.

Adrenalina y sosiego en el vivero forestal

Guido Sánchez Santur

Una extensa área verde, con enormes árboles entre los que destacan los pinos; una quieta laguna con sus coloridos botes que la surcan y niños que se entretienen dándole de comer a una bandada de patos, o persiguiendo a un pingüino. Estas son algunas escenas que observamos a diario en el Vivero Forestal de Chimbote.
Llegamos al mediodía, abrasados por un radiante sol, pero refrescados por las corrientes de aire que genera el pequeño bosque en el que anida una variedad de aves, como los colibríes que nos alegran la estancia, con su rítmico batir de alas mientras succionan la miel de alguna flor.
A un costado del sendero de ingreso peatonal encontramos dos tigrillos que descansan plácidamente en su jaula, y muy cerca varios monos que saltan de un lado a otro al advertir la presencia de los visitantes.
Proseguimos nuestra caminata y próximos a la laguna encontramos varias tortugas que se alimentan con hortalizas y se desplazan lentamente en parejas.
En el estanque el regocijo y la diversión están garantizados por la presencia de una bandada de patos que nadan y se zambullen, o que en la orilla esperan a los visitantes que les sueltan palomitas de maíz compradas a las vivanderas instaladas al interior del vivero.
Abordamos uno de los coloridos botecitos atados a la orilla para surcar las quietas aguas de la laguna, acompañados por un travieso pingüino que nos sigue a todos lados. En estas pequeñas naves nos aproximamos a la pequeña islilla, donde descansan o anidan diversas palomas, patillos o los mismos patos. En el agua cristalina traslucen los coloridos peces que nadan casi al nivel de la superficie del agua.
Después, vamos al tren en el que se pasean grandes y chicos, en un trayecto de kilómetro y medio que se cubre en un lapso de 9 minutos, por una vía férrea que se abre paso entre los gruesos y elevados árboles.
Andrés Zegarra Caballero es el maquinista que siente mucha satisfacción al pasear a los niños en los vagones arrastrados por la locomotora que se desplaza silbando, como anuncio de su paso. Él nos detalla que los niños pagan sol y medio, y dos soles y medio los adultos (igual que en el resto de servicios).
Los niños tienen un espacio exclusivo, acondicionadon con juegos barras, columpios, toboganes y otros que les permiten permanecer largas horas sin aburrirse.
El esparcimiento continúa en el asnódromo, un circuito donde las personas son paseadas en pequeñas carretas arrastradas jaladas por los piajenos.
En el mismo sector norte la adrenalina se acrecienta cuando los niños, mayores de siete años y los jóvenes abordan los cuatrimotos de estruendosos motores.
El encargado de estos vehículos, Alex Linares Pérez, comenta que con el pago de seis soles los jóvenes tienen derecho a dar dos vueltas al circuito de unos 800 metros lineales. Los niños sólo pagan tres soles, por el mismo servicio.
Pero no sólo encontramos diversión, esparcimiento y aire puro, también un restaurante que nos ofrece variados platos con precios al alcance de todos; sin embargo, las familias o grupos que llegan a pasar un día de confraternidad llevan sus alimentos preparados que los consumen en las mesas y sillas acondicionadas con los mismos troncos de los árboles cultivados en el vivero. Éstas están en la rotonda El Remanso.
Después del almuerzo vamos al museo del pescador, acondicionado en una lancha que está al interior del vivero, y donde se muestran fotografías que grafican escenas de pesca, los aparejos de esta actividad económica y otras del antiguo Chimbote.
Y para terminar ingresamos a la piscina (hay una para adultos y otra de niños) en la que además de refrescarnos, practicamos natación. Sin duda, el relax está garantizado.
Este vivero, ubicado a cinco minutos del centro de Chimbote, es un pintoresco escenario campestre, agradable para pasar momentos de esparcimiento con la familia y amigos en contacto con naturaleza.

¿Cómo llegar?
El trayecto desde Trujillo a Chimbote en bus demora dos horas y media, con un costo de 8 soles. Las empresas que brindan este servicio son America Express y Línea, principalmente, que tienes servicios programados cada hora.

Los camélidos más elegantes del Perú

Guido Sánchez Santur

Es una tarde abrigada por un sol abrasador, leves ráfagas de viento que acarician el rostro, un cielo resplandeciente y una verde explanada que se pierde en el horizonte, donde habita una de las especies de camélidos sudamericanos más sorprendentes, pero que están en situación de peligro. Lo más interesante es que estos mamíferos silvestres los tenemos en La Libertad, en la Reserva Nacional de Calipuy.
Se trata de un animal silvestre, elegante, de huesos finos, con una altura aproximada de 1,60 metros y un peso de entre 100 y 140 kilogramos. Es un camélido del grupo de los auquénidos, revestido por un pelaje más largo que el de la vicuña, pero menor al de la alpaca. Es grueso, color rojizo y de excelente calidad.
El diámetro de la fibra oscila entre 16 y 18 micrómetros, muy liviana porque, a diferencia de la lana de oveja y a semejanza con la vicuña, es hueca. La especie norteña es antecesora a la llama y su promedio de vida es de 20 a 25 años.
Entre los tupidos arbustos se avistan sus cabezas oscuras erguidas mientras aguzan el oído al advertir mi presencia, pese a que me aproximo con sigilo, casi al nivel del suelo. Esta actitud la adopta el líder que guía el ato, al que protege no sólo de los animales depredadores (el puma y el zorro andino) sino también de otros machos que se acercan.
El guardaparques, Emiliano Martínez Soto, llegó hace un año destacado a esta reserva y ya se encariñó con estos animales. Su tarea principal consiste en controlar que no ingresen los cazadores furtivos que llegan en pos de su carne y su pelaje. “Los veo como una reliquia. Los ‘chulengos’ son muy hermosos (guanacos bebés) y pesan un promedio de cuatro kilos al nacer”.
Me llamó la atención que estos camélidos se desplacen en grupos pequeños y mientras el rebaño pasta tranquilamente, hay uno que hace las veces de vigía, siempre atento, mirando a todos lados y con las orejas paradas, tratando de captar cualquier ruido extraño que arrastre el viento.
Martínez Soto nos detalla que los guanacos andan en grupos familiares (entre cinco y 15 hembras) guíados por un macho. Cuando nace un nuevo ejemplar masculino espera que cumplan los ocho o 10 meses, luego lo saca, pasando a formar parte de una ‘tropilla’ integrada sólo por ejemplares jóvenes del mismo género (entre 10 y 80 animales).
Lo sorprendente es que durante la temporada de apareamiento se produce la mayor cantidad de enfrentamientos entre machos, porque los guanacos jóvenes se aproximan a los grupos y son rechazados por los ‘jefes’, y cuando estos son vencidos el ganador asume ese rol, y el saliente se convierte en ‘solitario’ hasta su muerte, sin la posibilidad de reagruparse.
El proceso de apareamiento constituye otro espectáculo singular. El macho persigue a la hembra hasta que ella se echa y lo espera, sabedora que están bastante distantes del grupo. Cuando concluye el coito, el reproductor se levanta y se aleja, pero si aquella continúa en el suelo, retorna nuevamente.
En esta reserva no sólo encontramos a los Guanacos, sino también al puma, el zorro andino, la vizcacha, el conejo silvestre y, algo que me sorprendió, es la presencia del oso de anteojos, una hermosa especie que va camino a la extinción; por eso, es bastante difícil encontrarlo porque se esconde en las zonas menos visitadas.
Asimismo, encontramos aves raras, como la china linda, loros, palomas, cóndor andino, gallinazo de cabeza roja, gallinazo de cabeza negra, loro de frente roja, perdiz, lique lique y tórtola cordillerana. Los reptiles más comunes son el jergón y el casalillo.
Después de caminar entre los matorrales, admirando en su hábitat a estos preciosos animales andinos, nos queda la convicción que muy cerca de Trujillo existe un paraje aleccionador y que vale la pena hacer un sacrificio para conocer un página más de la diversa geografía peruana.

Esfuerzos para la habilitación turística
Turísticamente, podríamos afirmar que este lugar está casi virgen, pues son pocos los que lo visitan (especialistas, escolares, universitarios y aficionados), pese a su importancia natural, histórica y ecológica; por eso, el jefe de la Reserva de Calipuy, Freddy Abanto Terrones, está dispuesto a darle las condiciones necesarias para que sean más quienes lo conozcan, desde la población regional, nacional hasta los extranjeros.
Su propuesta consiste en involucrar a las comunidades colindantes, a fin de que los agricultores y ganaderos se involucren en la actividad turística, de tal manera que el impacto económico los favorezca y sean ellos mismos quienes se conviertan en los firmes defensores de la reserva.
“El turismo en áreas protegidas tiene el gran objetivo de sensibilizar a la población para crear conciencia ciudadana en temas ambientales, a través de la observación y el avistamiento de las especies, con el afán de valorarlas mejor”, expresó.
Abanto Terrones destacó la importancia de este hábitat por los servicios ambientales que presta a la región, así como el impacto social porque la población tiene la posibilidad de mejorar su calidad de vida con un manejo adecuado, en aras de promover las actividades turísticas, recreativas y productivas en la zona de amortiguamiento (crianza de animales domésticos, cultivos alternativos, etc.).
Puso especial relieve en la presencia de las 10 zonas de vida diferentes, lo cual permite disponer de agua permanente que nace en las estepas altoandinas, la serranía esteparia y los matorrales desérticos.
Estimó que a la fecha existe en la reserva un promedio de 350 a 500 ejemplares de guanacos. Aseguró que la caza furtiva disminuyó con el incremento de los guardaparques desde el año pasado.
“Si mejoramos las condiciones del hábitat el guanaco se beneficiará y aumentará su reproducción, pero el cambio climático y la variación de los ciclos de lluvias son una amenaza por el desplazamiento de las especies vegetales”, advirtió.

MAS DATOS
En América del Sur, se le encuentra en Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Perú Argentina posee el 95% de la población mundial de esta especie, entre la Puna y la Patagonia. Las mayores densidades de guanacos se ubican en espacios con bastante cobertura vegetal, como matorrales altos, terrenos irregulares, existencia de refugios, pendientes abruptas y vías de escape frente a depredadores. En la Reserva de Calipuy está la mayor cantidad de guanacos del Perú, y su altitud oscila entre los 800 y 4300 m.s.n.m.

El rodal más denso de Puya Raimondi

Guido Sánchez Santur

Es mediodía y hemos llegado a una extensa explanada entre los 3600 y los 4.000 m.s.n.m., abrigados con un sol resplandeciente, bajo un cielo azul intenso, moteado con raleadas nubes; pequeñas ráfagas de viento nos golpean el rostro mientras avanzamos, intentando sobreponernos a la agitación del corazón y la falta de aire a causa de la altura.Nos encontramos dentro de las 4500 hectáreas del Santuario Nacional de Calipuy, donde se protege el rodal más denso de la Puya Raimondi, especie vegetal en peligro de extinción que lleva el apellido del naturalista italiano Antonio Raimondi, uno de sus primeros estudiosos.

Hasta aquí hemos llegado después de una travesía de cuatro horas, desde Trujillo, cruzando el valle Virú, Chao y las estribaciones andinas, que nos dan una lección de la más pura eco-geografía liberteña.
Hasta en dos oportunidades anteriores había visitado esta área natural, pero como me ocurre con otros parajes, este lugar no termina de sorprenderme. Observar, desde lejos, las imponentes puyas produce una singular sensación, parecida al niño que con ansias espera el juguete nuevo, mientras abre la envoltura.
Cuando estamos frente a estas plantas o, para ser más precisos, bajo su sombra, mirándolas hacia arriba, sentimos un enorme orgullo con sensación de plenitud. Camino a su alrededor, una y otra vez, buscando una explicación a su maravillosa inflorescencia, en la cual se posan cientos de insectos y muchas especies de aves que ahí encuentran algún tipo de alimento.
Un arroyo con agua helada que surca esas alturas nos recuerda que en estos lares nacen los ríos que llegan hasta la costa o a la selva. También imagino cuan maravillado se habría sentido Raimondi al cruzar esta geografía tan rica y diversa.
Los guardaparques nos explican que la Puya Raimondi es la planta más longeva y alta del mundo que habita en el páramo húmedo subalpino de la Cordillera Central, caracterzado por sus diversas tipologías de suelos.
En estado de inflorescencia puede medir entre los 10 y 15 metros de altura. A lo largo de sus 100 años de vida, sólo florece una vez, antes de morir. Crece en laderas opuestas al sol y en terrenos pedregosos, rocosos e inclusive en roquedales sin mucha materia orgánica.
Sus raíces no son profundas y a veces el viento suele derribar la planta fácilmente. Sus hojas tienen borde ganchudo y en su interior albergan especies de aves como el picaflor. En su periodo de florescencia miles de flores blancas de regular tamaño cubren el tallo y guardan las semillas que luego el viento esparce.
La densidad de la población de Puyas en este santuario fluctúa entre los 3000 y 4000 ejemplares, siendo casi la mayoría de ejemplares jóvenes. En 2010 se registró un total de 63 mil unidades, lo cual es un mínimo respecto a los existentes hace más de 20 años (160 mil plantas).
Respecto a la flora asociada se identificó alrededor de 280 especies, entre las que destacan las gramíneas y plantas altoandinas. En fauna tenemos zorro andino, venado cola blanca y vizcacha. Las aves más comunes son la perdiz serrana, el halcón perdiguero, chinalinda o guarahuau y el perico andino.
La época de invierno se registra entre junio y agosto, y es la mejor temporada de visita porque las lluvias son esporádicas.
• ACTIVIDAD TURíSTICA
El área es muy atractiva, por eso constituye un potencial turístico. Los visitantes ocasionales son escolares, universitarios y grupos de interesados procedentes de Santiago de Chuco y Trujillo.
Dentro del Santuario se puede practicar caminatas, ciclismo de montaña, camping, toma de fotografías, filmaciones, observación de aves y estudios de investigación.
El lugar no cuenta con infraestructura básica turística, pero la actual administración está interesada en desarrollar esta actividad de manera organizada, a fin de generar ingresos; pero esto implica colocar la señalización correspondiente.
En ese sentido, el presidente de la Cámara de Organizaciones Turísticas de La Libertad, Leoncio Rojas Gallardo, en expresó su satisfacción por el enorme valor turístico de este santuario por lo que se debe integrar al circuito de la Ruta Moche, aprovechando la cercanía a Trujillo, a través de la vía Chao y Huamanzaña.
Visitar este lugar constituye un experiencia que nos marca personalmente porque nos permite no sólo conocer la profundidad del territorio peruano, sino la riqueza natural que alberga en sus diversos pisos ecológicos.

Amenazas que deben controlarse
A pesar de la importancia de esta área protegida, durante muchos años ha permanecido a expensas de los agricultores y ganadores que paulatinamente han ido ocupando su territorio en detrimento de la Puya Raimondi.
Luego de la etapa del terrorismo, los pobladores invadieron los terrenos del Santuario y establecieron el poblado ilegal de Collayguida, ubicado en la parte oeste del área protegida y que alberga a 70 familias, cada una con un promedio de entre 15 a 20 vacas y 80 ovejas que se alimentan de la vegetación del parque, además de propiciar la quema de la Puya.
Los campesinos talan la Puya para utilizarla como leña y sus hojas en los techos, mayormente en diciembre, cuando la planta está bien seca, o en caso contrario con el afán de ampliar los terrenos útiles para la agricultura; pero también a fin de evitar que sus animales queden atrapados en las púas de la planta.
Frente a esta realidad, el jefe del Santuario Nacional de Calipuy, Elber Zavaleta, se ha propuesto revertir este problema y asegura que ya logró liberar gran parte del área (60 por ciento) de la presencia de ganadería extensiva ilegal.
Aseguró que una tercera parte del área protegida (mil 100 hectáreas, dedicadas al cultivo de trigo, cebada, papa, legumbres, etc) está invadida, pero este caso ya está en manos de la Procuraduría y del Ministerio Publico. Aquí se cultiva trigo, cebada, papa, legumbres, etc.
Precisa que su labor está abocada a propiciar una conciencia turística en los pobladores para que sean ellos quienes protejan sus recursos; es decir, que se practique un turismo sostenible en el que el Estado, la población e instituciones particulares se integren e impulsen la economía y la conservación de esta área natural.
Con ese propósito el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Sernanp) contrató un especialista en turismo que está empeñado en la elaboración del diagnóstico y la señalización de los circuitos, en coordinación con las comunidades locales que serán las principales beneficiarias.
Señaló que su esfuerzo también se encamina al repoblamiento de la Puya, pero de forma natural porque todavía no se ha encontrado la forma de hacerlo artificialmente, pues es necesario iniciar estudios de investigación. Por el momento, esta tarea se logrará con la ausencia del ganado dentro del área protegida.

Nueva ruta para los viajeros

Guido Sánchez Santur

La diversidad es una de las características principales del territorio peruano, que se expresa en las diferentes manifestaciones culturales de cada pueblo, y en la biodiversidad dada por las 84 zonas de vida que posee, de las 108 existentes en el mundo; además de los 28 climas que tenemos, entre los 32 identificados en el planeta.
Lo interesante es que parte de esta diversidad está al alcance de todos aquí mismo en La Libertad. Sólo tenemos que animarnos a dejar la atiborrada ciudad y desplazarnos hacia los parajes naturales que nos invitan al relax y al descubrimiento de una forma de vida más sosegada.
El afán de encontrar nuevos destinos nos llevó a enrumbarnos, en una camioneta 4X4, hacia el ande liberteño siguiendo la carretera Panamericana, hacia el sur de Trujillo, hasta el distrito de Chao, en la provincia de Virú, donde viramos a la izquierda y nos adentramos en una verdadera aventura que combina la adrenalina, la emoción y el orgullo de conocer la riqueza del Perú profundo.
Este descubrimiento se inicia en Alto Moche, tan luego salimos de Trujillo, donde empezamos a admirar que el desierto, en ambos lados de la Panamericana, ha sido transformando en una extensa sábana verde, gracias al proyecto de irrigación Chavimochic, facilita la producción de espárragos, paltos, caña de azúcar, pimiento piquillo, alcachofas, viñedos, etc.
Por una de las estrechas calles de Chao ingresamos a la vía que nos lleva hasta el Santurario Nacional de Calipuy, a sólo cuatro horas de Trujillo, pasando por peque ños pueblos que conservan sus tradiciones y que su gente se dedica a la agricultura, la ganadería y otras actividades productivas menores.
Así, a través de una trocha carrozable, recorremos un canal derivador de Chavimochic, pasamos cerca a Buena Vista, cruzamos el imponente canal Madre y seguimos la vía que comunica a Monte Grande, Santa Rita, Huamanzaña, Llacamate, Huaraday y Saile.
En este trayecto admiramos las faenas de los agricultores dedicados a la siembra de maíz, donde se avista un colorido panorama durante la cosecha. También están los productores de pan llevar y que, a su vez, se dedican a la ganadería lanar, caprina y de vacunos.
Acompañados de un radiante e intenso sol, en el valle de la parte baja, y un aire fresco con leves ráfagas de viento y un cielo azul despejado, en las estribaciones andinas, avanzamos sorteando la estrecha carretera abierta entre la roca, con curvas cerradas y algunos tramos muy empinados, a prueba de los mejores conductores.
El paisaje adquiere un especial esplendor cuando ascendimos por la margen derecha del río Huamanzaña (seco en esta temporada), donde advertimos una extensa área poblada de cactus, con predominio de la especie de los gigantones, que crecen en un terreno totalmente pedregoso entre enormes rocas, y cuya tierra tiene una coloración rojiza, como un escenario sacado de la serie El Gran Chaparral.
En esta misma zona, dos contrafuertes andinos forman un pequeño cañón que, visto desde la parte alta, se pierde en e extensol valle costero. Este apacible paisaje, se transforma en las temporadas de lluvia cuando el Huamanzaña desata su furia, abandona su cauce e inunda los campos de cultivo.
En todo el trayecto, sobre todo en las partes más altas, apreciamos niños, adolescentes y mujeres vistiendo trajes típicos que pastan su ganado, soportando el calor o el frío, acompañados de su inseparable perro pastor que evita la dispersión y el alejamiento de los animales.
Esta ruta nos deja dos grandes lecciones: la enorme capacidad del ser humano para adaptarse a los espacios geográficos más agrestes; y la forma cómo van cambiando los pisos ecológicos a medida que ascendemos a las partes más altas del territorio, lo cual se evidencia en la diversa vegetación y flora, así como en los marcados microclimas. Una verdadera clase práctica de eco-geografía que uno jamás podrá olvidar.

UN PARAISO EN EL ANDE
Cuatro horas después, desde nuestra partida en Trujillo, llegamos al Santuario Nacional de Calipuy, caracterizado porque en su ámbito se protege la Puya Raimondi, una especie vegetal endémica del ande del Perú, Chile y Bolivia, y cuya mayor densidad de plantaciones se encuentra en esta área protegida.
Esta especie alcanza de 3 a 4 metros de altura en crecimiento vegetativo, pudiendo llegar a 15 metros con la inflorescencia. Produce racimos de 8 mil flores y 6 millones de semillas por planta. Vive más de 100 años, pero ni bien florece muerey esto ocurre entre los meses de octubre a diciembre.
De ahí pasamos a la Reserva Nacional de Calipuy que alberga a por lo menos 400 ejemplares de Guanacos, especie de camélidos americanos en extinción y que su mayor población está en este territorio. Además posee varios pisos ecológicos con una diversidad de flora y fauna que se encuentra en un proceso de identificación.
Salimos de esta maravilla y descendimos al centro poblado Calipuy, nombre de la antigua hacienda de la familia Porturas, y enrumbamos a la ciudad de Santiago de Chuco, donde está la casa César Vallejo, nuestro poeta universal.
La siguiente parada es en el distrito Cachicadán, conocido por sus aguas termales, con propiedades curativas, y el cerro La Botica, que abriga una considerable cantidad de plantas medicinales, aprovechadas por los conocedores de la medicina tradicional.
Tras un recorrido de tres horas, desde Cachicadán, estamos en Huamachuco, cuya imponente ciudadela de piedra Markawamachuco sorprende a todos quienes la visitan por el ingenio de sus constructores, lo cual evidencia el elevado nivel cultural que alcanzó la civilización de los huamachucos.
La provincia de Sánchez Carrión también ofrece aguas termales en Yanasara, a dos horas de Huamachuco, paseos en bote en la Laguna Sausacocha que además es un criadero de truchas; así como escenarios para la práctica de deportes de aventura en varios lugares de su territorio.
Esta Ruta es factible recorrerla en no menos de cuatro días, disfrutando no sólo de esa riqueza natural, el aire puro, historia y su gente, sino también de la exquisita gastronomía con matices especiales en cada uno de los pueblos que visitamos. El retorno a Trujillo, desde Huamachuco, es a través de una carretera bien conservada. No hay pretexto para no recorrer este itinerario, sólo se requiere un espíritu aventurero.